El Misterio del Triángulo de las Bermudas

Mucho se ha escrito y especulado sobre el Triángulo de las Bermudas, y las desapariciones de barcos y aviones que han sucedido, sobre todo desde que, Charles Berlitz, diera lugar con su Libro, el Triángulo de las Bermudas en 1974 paso a popularización de esta leyenda.

A partir de ahí numerosas teorías, misterios sin resolver, de la misma forma que la Atlantida o el del Mar Del Diablo, pese a los contínuos intentos de los cientificos de resolver qué es lo que pasa en esos 120 millones de hectáreas entre Miami, Bermudas y San Juan de Puerto Rico…

Lo último que se ha dicho es que los bancos formados en el mar producen gas metano que inhabilita los mecanismos mecánicos y electrónicos de aviones y barcos…

Pero no todo parece estar claro…

Las desapariciones en el triangulo de las bermudas

El 22 de Diciembre de 1967, el dueño del crucero Witchcraft, Dan Burack, acompañado del sacerdote Patrick Horga, dejaban la Marina de Miami, justo en uno de los vértices del Triángulo de las Bermudas, para realizar un paseo sencillo junto a la costa para observar las luces de Navidad de la ciudad desde el mar.

misterio del triangulo de las bermudas

A las 9 de la noche, Burack, emitió un mensaje de radio diciendo que había algo no identificado debajo de su barco, y que aunque no era una emergencia, iba a necesitar ayuda para que lo remolcaran a puerto.

Exactamente 19 minutos después, y sin que hubieran mediado más mensajes, los guardacostas alcanzaron la posición del Witchcraft, y no encontraron absolutamente nada.

El barco no se encontraba allí, se había desvanecido a apenas 1 kilómetro de la costa de Miami, sin que nadie se percatara de ello.

La búsqueda rastreó una superficie de 40.000 kilómetros cuadrados sin obtener resultado alguno.

Se da la circunstancia de que Burack era un cauteloso patrón que disponía de todos los medios de seguridad posibles, y que incluso había instalado un sistema en su barco que lo hacía insumergible.

Nada fue encontrado jamás.

En los 19 minutos que tardó en llegar el barco guardacostas, se desvaneció para la eternidad justo en frente de Miami.

Corría el 22 de Febrero de 1978, cuando un caza de combate Grumman KA-6, con los tenientes Paul Smith como piloto, y Richard Leonard como copiloto, estaba cerca de aterrizar en el portaviones USS Kennedy, situado en una zona cercana a las Bermudas.

El viaje había sido corto.

El caza había partido de la cercana base de Oceana Naval Air Station en Virginia, las condiciones eran buenas y no se esperaba incidente alguno.

Cuando el avión se encontraba a menos de diez minutos de aterrizar, una conversación en tono de extrañeza entre los pilotos, preocupó sobremanera a los controladores aéreos del buque.

“Espera”, dijo Smith. “Sí, espera, esto no está bien” respondió Leonard

Los controladores quedaron a la espera de una explicación mientras vigilaban el eco del radar en sus monitores.

El punto en la pantalla, a más de 5 kms de altura, viró para comenzar la maniobra de aterrizaje y sin más, desapareció.

Dada la cercanía, rápidamente se lanzó el operativo de rescate, determinando que el avión no había estallado en el aire, a pesar de la repentina desaparición del radar, porque no había restos evidentes en la superficie del mar en la zona cercana al punto que desapareció.

Además, el avión disponía de asientos eyectables provistos de radiobaliza, y ninguna señal de éstas fue captada, por lo que se dedujo que el sistema no había sido usado, a pesar de que habían dispuesto de 5000 metros de caída para hacerlo en caso de avería catastrófica.

El avión, sencillamente se había desvanecido junto a un portaaviones dotado con los más modernos sistemas.

Ningún resto del avión fue encontrado jamás.

Nadie ha encontrado la explicación de que sin explosión en vuelo, los pilotos no se eyectaran…

Pero aún hay más…

El USS Cyclops fue un enorme carguero de 165 metros de eslora que durante la Primera Guerra Mundial, estuvo encargado de abastecer a buques británicos frente a las costas de Brasil.

Aunque aún nadie lo sabía, el que era su último viaje comenzó el 16 de Febrero de 1918 en Rio de Janeiro cargado de manganeso con destino a Baltimore, USA.

Cuatro días más tarde, el 20 de Febrero, hacía una escala técnica en Bahía, Brasil, para ya, continuar lo que debía ser un viaje directo hasta los USA.

A pesar de ello, el buque atracó en Barbados el 3 de Marzo, para continuar hacia Baltimore al día siguiente.

Nadie volvió a ver al gigante, ni a ninguno de sus 306 tripulantes.

Las dudas recayeron inmediatamente sobre el capitán Worley, puesto que, durante su escala en Barbados, había cargado toneladas de combustible y alimentos, que no le hacían falta para su viaje.

La posibilidad de que hubiera huido, aumentaron al conocerse su origen alemán, transfiriendo el barco y su carga al enemigo y ejecutado a la tripulación, fue investigada hasta la extenuación, pero jamás se encontró una sola prueba de ello.

El barco se dio oficialmente por perdido en algún lugar sin determinar del Triángulo de las Bermudas, sin haberse recibido llamada de auxilio alguna.

La fama del Cyclops creció, cuando sus hermanos de astillero, idénticos a él, el Nereus y el Proteus, desaparecieron sin dejar rastro a lo largo de dos semanas entre noviembre y diciembre de 1941 en la misma zona.

Más de 400 almas se desvanecieron junto a los 3 gigantes. Nunca se han encontrado…

El 30 de Octubre de 1954, un avión Lockheed R7V-1, versión militar del Super Constellation, uno de los grandes éxitos de la aeronáutica, y perteneciente a la marina de los USA, cubría la ruta entre Maryland y las Islas Azores, transportando a 52 personas, entre tripulación, oficiales, y sus familias.

Como es tónica habitual en la mayoría de siniestros sobre el Triángulo, las comunicaciones eran absolutamente normales.

El piloto, el teniente John Leonard, era un perfecto conocedor de la zona, el tiempo no era tan malo, volaba muy por encima de posibles turbulencias, y además contaba con una sofisticada estación meteorológica a bordo que evitaba trampas del clima.

Y sobre el Triángulo de las Bermudas, de repente se desvaneció de los radares.

Si el avión hubiera estallado en vuelo, miles de pequeños restos habrían sido encontrados, si el avión hubiera tenido problemas, habrían tenido tiempo de advertir por radio.

Nada más se supo. Nada fue hallado. Nadie encontró una explicación razonable.

Estos son sólo algunos de los casos de desapariciones producidas…

¿Cuál es el verdadero misterio del triangulo de las bermudas?

El misterio sigue abierto.

De hecho, el informe oficial de la investigación para esclarecer las causas de la desaparición, detalló una de las peores explicaciones dadas jamás: «La conclusión de esta investigación es que el R7V-1 encontró una fuerza inmediata, repentina y violenta que no pudo ser gobernada por un esfuerzo humano, lo que hizo que el avión fuera incontrolable. El origen de esta fuerza nos es desconocido.»

El vuelo 441 sigue siendo uno de los grandes misterios de la aeronáutica hoy en día.

El  5 de Diciembre de 1945 el experimentado teniente instructor Charles Carroll, dirigía una flota de 5 bombarderos Grumman Avenger contando con un total de 14 hombres como tripulación en un sencillo ejercicio rutinario.

La flota, conocida como el Vuelo 19, partió de la base de Fort Lauderdale en Florida, que era empleada para que los pilotos noveles de la Fuerza Aérea Estadounidense recibieran las últimas clases antes de participar en acciones reales, y tenían ese día como plan de vuelo, 2 horas de entrenamiento para principiantes, consistente en trazar una línea recta, hacer un giro, lanzar bombas en el punto indicado, virar y volver a casa.

Sin embargo tras el segundo viraje, y a falta solo de trazar una sencilla recta de media hora para regresar, todo comenzó a ir de mal en peor.

El teniente Carroll indicaba por radio que las brújulas de la escuadrilla habían dejado de funcionar, y a pesar de que seguían las comunicaciones por radio, el vuelo había desaparecido de los radares en tierra.

Nadie, ni ellos mismos, sabían dónde se encontraban.

A pesar de todo ello la situación no era dramática todavía, con dos horas de combustible en los depósitos, tenían suministro más que de sobra para encontrar tierra o algo que les indicara su posición.

Las discusiones acerca de donde se encontraban se sucedieron y con los depósitos agotándose el teniente ordenó que cuando el primer avión alcanzara los 35 litros, amerizarían todos juntos a la espera de la ayuda.

Poco después, las radios enmudecían para siempre.

Ni media hora tardó en salir la ayuda, numerosos buques y dos hidroaviones Martin Mariner se sumaron a un rastreo intensivo de la zona.

Uno de los hidroaviones, llamado Training 49, desaparecía de los radares veinte minutos tras el despegue con 13 personas a bordo, y nada volvió a saberse de él.

Un petrolero informó de una explosión en el cielo, y gente desde la costa alertó de un extraño brillo verdoso no identificado en alta mar.

Para añadir más leña al fuego de las teorías acerca del Triángulo de las Bermudas, en la película Encuentros en la Tercera Fase, el teniente Carroll y sus subordinados regresan a casa a bordo de una nave extraterrestre.

Sea como fuere, 6 aviones y 27 personas desaparecieron la misma hora, sin que jamás fuera encontrado un cuerpo, parte de fuselaje alguna, o resto mínimo de ninguna de las aeronaves.

Por si esto fuera poco, la familia de uno de los desaparecidos, recibió un telegrama semanas después del incidente. “Os han informado mal. Estoy muy vivo”

Y, por supuesto, ahora queda una pregunta en el aire: ¿Por qué? Las explicaciones van desde lo estrictamente científico, como bruscos cambios de tiempo, olas solitarias, perturbaciones electromagnéticas o grandes burbujas de metano, hasta lo paranormal, como bases OVNI, vórtices, perturbaciones del espacio tiempo, o influjo de continentes perdidos.

Sin embargo,  las desapariciones del Triángulo de las Bermudas sigue siendo un misterio…

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