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El 2018, según los futurólogos de hace 100 años

futuro 2018

Desde robots aspiradores de aspirador a hoverboards, desde coches voladores hasta videollamadas: expertos y soñadores de principios del siglo XX ya habían predicho los dos mejores inventos de nuestro tiempo y nuestros problemas.

El año que acaba de empezar trae consigo una avalancha de innovaciones y nuevas tecnologías (casi) preparadas para nuestra vida cotidiana. Autos más autónomos y capaces de ir solos (casi) en cualquier situación, redes de comunicación súper rápidas, inteligencia artificial que hacen muchas cosas mejores que nosotros, turismo espacial a la vuelta de la esquina….

Es el futuro muy próximo: si miramos hacia atrás, veremos desde carruajes tirados por caballos a vehículos rodantes en Marte. ¿Podrías imaginarte eso hace 100 años? ¿Cómo pensaron los videntes de hace un siglo sobre las maravillas que llamaron a la puerta del 2018?

Quizás le sorprenda, pero muchas (pre)visiones de principios del siglo XX han resultado curiosamente apropiadas, al menos en términos generales, porque se basaban en las tecnologías de la época. Como explica Claudia Geib en un reciente artículo sobre el futurismo, en 1918 las expectativas del mundo occidental sobre la tecnología se situaron sobre todo en la nueva magia que era la corriente eléctrica, en todas sus aplicaciones, desde el teléfono hasta el coche. Aplicaciones que, en el “formato 1918”, pueden hacerte sonreír (pero no más de lo que nuestras muchas predicciones en el 2118 te harán sonreír en el 2118…): aquí hay algunas, que se refieren a coches, viajes, aparatos electrónicos, hogar y energía.

En la carretera

Para los hombres de hace un siglo, los desplazamientos eran una obsesión: las compañías navieras lucharon por los récords del cruce del Atlántico, los hermanos Wright estaban perfeccionando su revolucionario avión y Ford acababa de abrir la primera línea de montaje de automóviles durante 4 años: una línea de producción produjo un coche terminado en 93 minutos, o unos 5 0.000 vehículos al año para el legendario modelo T, el primer coche de producción y asequible para muchos.

A principios de enero de 1918, los periódicos de Washington nos decían cómo sería el coche del futuro: completamente impermeable, capaz de funcionar en todas las condiciones climatológicas, con sus laterales y techo de cristal, cálido en invierno y fresco en verano y… ¡sin volante! Dotado de sólo 3 ruedas, sería accionado por una pequeña consola equipada con palancas.Si piensa en lo incómodos, inestables y poco fiables que deben ser los primeros coches… En cualquier caso, los futurólogos de la época dictaminaron que cada familia tendría al menos uno familiar.

Viajar Sin Fronteras

Las otras fronteras a conquistar con las nuevas tecnologías fueron el cielo y el mar: Habiendo superado las hipótesis imaginativas de artistas como Jean-Marc Côté, quien entre 1899 y 1910 había imaginado submarinos remolcados por ballenas y vehículos voladores colgados de grandes pájaros, para el siglo XXI expertos en tecnología vieron taxis voladores, dirigibles para la guerra, carteros voladores, aviones invisibles y vehículos de rescate capaces de llegar desde el cielo a cualquier parte y en muy poco tiempo.

Entre finales del siglo XIX y principios de 1900, varios novelistas y periodistas habían alimentado el sueño del coche volador: en 1923, a partir de las páginas de Ciencia e Invención, Hugo Gernsback lo propuso como una solución definitiva al tráfico de Nueva York.

Esta es una de las pocas visiones del futuro que no se ha materializado en nada similar y funcionando: el coche volador sigue siendo una quimera, a pesar de los muchos proyectos de los últimos cincuenta años. ¿Le darán forma las inversiones y proyectos anunciados por Toyota, Uber y Bell Helicopter?

Tecno-Democracia

El rasgo que une todas las previsiones de principios del siglo XX parece ser la posibilidad de llevar nuevas tecnologías a las masas: todas las innovaciones, desde el avión hasta la radio, eran también y sobre todo imaginadas como “personales”.

En 1900 John Elfreth Watkins firmó un artículo en el Ladies Home Journal, una revista de mujeres ampliamente distribuida en la burguesía estadounidense, un artículo titulado What may happen in the next hundred years (qué podría suceder en los próximos 100 años, artículo original, en inglés). Watkins describe dispositivos que podrían colocarse a medio camino entre los proyectores de televisión y cine, capaces de mostrar en cada hogar las actuaciones que tienen lugar en los teatros. Y varias décadas antes de tiempo en las noticias reporta cómo estos mismos dispositivos podrían haber mostrado en vivo, a miles de kilómetros de distancia, las batallas y los eventos catastróficos.

Nueva Cocina

En el mismo artículo, Watkins anticipa la llegada de armarios refrigerados mecánicamente (es decir, sin hielo) donde los alimentos pueden almacenarse durante días y la posibilidad de fabricar medios equipados con la misma tecnología para transportar alimentos frescos de una parte del mundo a otra. Demostrando una notable previsión, explica cómo este nuevo frío portátil de ciencia ficción abriría el camino a la industria de los alimentos listos para el consumo.

Según Watkins, cocinar pronto se volvería anacrónico. Las comidas habrían sido entregadas directamente a los hogares, pero no por mensajeros en bicicleta, como es el caso hoy en día: desde sistemas de entrega basados en grandes conductos como el correo electrónico. Y entonces, dentro de un siglo el mundo habría estado lleno de robots que conducen, limpian en la casa, lavan la ropa, planchan…..

Otras previsiones sorprendentes (y aptas) del siglo pasado se refieren al medio ambiente y a los combustibles fósiles. Ya en 1896, el científico sueco Svante Arrhenius estimó que duplicar la concentración de CO2 en la atmósfera provocaría que la temperatura del planeta aumentara entre 8 y 9 °C (artículo original, en inglés). Al medir las emisiones de CO2 asociadas a la quema de cantidades cada vez mayores de carbón por parte de la industria, el científico asumió que este valor límite se alcanzaría en unos pocos siglos.

Arrhenius, y con él otros científicos, aunque no fueran capaces de describir con precisión los efectos de la contaminación en el planeta, llegaron a la conclusión de que pronto sería necesario reducir drásticamente el uso de carbón y derivados del petróleo.

Al otro lado del planeta, en Washington, Alexander Graham Bell – inventor del teléfono – en un discurso pronunciado en febrero de 1917 en la McKinley Manual Training School (informado por la National Geographic Magazine) prevé el uso del sol, las olas y las mareas como fuente de energía limpia que, según escribe de nuevo en 1917, un periodista de Chicago News, habría llegado a nuestros hogares a través de tuberías especiales …