Cómo era la vida de un legionario romano

Desde el siglo III a. C. hasta el siglo IV d. C., Roma fue la potencia dominante del mundo conocido, invadiendo, conquistando y ocupando enormes extensiones de tierra.

¿Cómo lo lograron? Combinaron astucia apolítica, una hábil diplomacia y, sobre todo, un fuerte ejército, apoyado en las legiones romanas. En este artículo vamos a revelar como era la vida de los Legionarios Romanos, y cómo fueron fundamentales para el éxito militar de Roma.

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Formación y Reclutamiento

Imagina que estás en la antigua Roma y tienes 16 años y no tienes muchas esperanzas si eres un hijo de un pobre campesino.

Si eras ciudadano romano podías cambiar tu vida: convertirte en Legionario. Los jóvenes, entre 16 y 20 años, podían inscribirse para servir en el ejército romano durante 25 años.

Sin embargo, entrar no era fácil. Los reclutadores eran duros y solo los candidatos más fuertes lo lograban. 

Había pruebas de fuerza y revisiones médicas. Además, debías medir al menos 1,65 metros.  Según Julio César, la baja estatura era motivo de desprecio y mofa de los galos.

como era la vida de un legionario romano

Después de un período de prueba, los reclutas hacían un juramento y recibían una chapa de identificación de metal que llevaban alrededor del cuello.

Pero había trampa: no se permitía casarse durante el servicio. De hecho, si ya estabas casado, tu matrimonio se anulaba. Sin embargo, muchos legionarios desafiaron las normas y formaron familias. Se cree que hasta el 50 % de ellos tenían familias que no eran reconocidas legalmente.

Cómo era la vida en los campamentos

Una vez admitidos, los jóvenes legionarios vivían en campamentos militares. 

¡No eran solo tiendas y fogatas, eran auténticos pueblos organizados! Había barracones, hospitales y almacenes. 

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Los campamentos a veces cubrían un área entre 17 y 28 hectáreas. No solo se trataba de guerra y entrenamiento, había vida en comunidad.

Los nuevos reclutas se mezclaban con soldados experimentados. Los novatos eran llamados Miles Gregarius, o soldado raso, y se movían y luchaban en grupos.

Una unidad típica llamada contubernium incluía a ocho soldados romanos. Vivían, entrenaban y luchaban juntos.

La agrupación de 10 contubernia formaba una centuria, y estaba al mando de un centurión.

castigos en el entrenamiento de la legión romana

Los soldados noveles iniciaban su día muy temprano, recibían un desayuno consistente en leche y gachas de trigo e iniciaban su instrucción, consistente en lucha, uso de armas.

Utilizaban escudos y espadas de madera normalmente más pesados que los normales, para irse tonificando. Por el día realizaban ejercicios físicos y por la tarde se les enseñaba la teoría militar y de lucha. Se les adiestraba en disciplina y se les inculcaba el honor y el orgullo de servir a Roma.

Pasados 6–8 meses, el joven soldado debía estar listo para el combate y se le entregaba su equipo.

Entrenamiento

El entrenamiento era fundamental en la vida de un legionario. Era riguroso. Comenzaban su día con marcha y luego se ponían manos a la obra. 

Marchaban casi 36 kilómetros, con una pesada armadura y armas que pesaban más de 20 kilos. Y eso no es todo: llevaban mochilas con comida y herramientas para construir campamentos.

Después de la marcha, cavaban trincheras, construían terraplenes y empalizadas, y montaban tiendas. 

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entrenamiento con espadas de madera la legion romana

Los reclutas entrenaban bajo la atenta mirada de los Centuriones, los comandantes de las unidades. 

Practicaban ataques contra postes de madera y luego pasaban a entrenar combate entre ellos. 

Entrenaban incansablemente, día tras día, hasta dominar las habilidades de combate.

Los legionarios no solo aprendían a luchar, sino también a construir. 

Fueron esenciales en la construcción y mantenimiento del Imperio Romano, ayudando a la construcción de ciudades, acueductos, puentes y calzadas.

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Jubilación

Tras una vida dedicada a la lucha, si lograban sobrevivir, después de servir de 20 a 25 años, se retiraban.

Al jubilarse, recibían una parte de su salario que el ejército había guardado para ellos, junto con una sustancial recompensa económica o le daban tierras. Esto les permitía vivir cómodamente durante sus últimos años de vida.

El legionario emérito, al retirarse, en tiempos de Augusto, cobraba el salario correspondiente a doce años de paga.

También el Emperador Augusto llegó a crear asentamientos de legionarios jubilados, dando lugar a Emérita Augusta, la actual Mérida.

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Las Reformas de Cayo Mario

Originalmente, el ejército romano estaba compuesto por una milicia de ciudadanos reclutados entre los ciudadanos propietarios que servían al ejército sin remuneración en tiempos de guerra. Existía una relación directa entre ciudadanía, propiedad y servicio militar.

Los hombres de entre 16 y 46 años podían ser reclutados en el ejército. Cada soldado debía procurarse y mantener su propio equipo. Estos soldados, llamados hoplitas por su escudo circular u hoplon, luchaban principalmente en la formación tradicional griega de falange y eran esencialmente lanceros bien armados.

Su servicio concluía con el Festival Ecuestre de Octubre, el 19 de octubre, que marcaba el final de la temporada de campaña. En el siglo VI a.C., el sexto rey de Roma, Servio Tulio, introdujo un proceso de reparto más organizado.

Los ciudadanos se dividían en clases en función de su riqueza. Aunque los reclutas seguían siendo propietarios y ciudadanos, se les asignaba a manípulos en función de la edad y la experiencia: hastati, principes y triari.

Sin embargo, no fue hasta el 107 a.C. cuando la milicia ciudadana a tiempo parcial evolucionó hasta convertirse en un ejército profesional a tiempo completo.

Cayo Mario, general y estadista romano, se dio cuenta de la necesidad de más soldados y fue en contra de la tradición al simplificar los requisitos de alistamiento, reclutando a los ciudadanos más pobres e inexpertos de Roma, los "capite censi".

Tras las Reformas Marianas, las legiones se hicieron más permanentes y el gobierno romano proporcionó todo el equipo esencial: armas, armaduras y ropa.

Los legionarios recibían una paga por los días que servían, lo que hizo que el servicio militar fuera popular entre los pobres, ya que les proporcionaba comida, ropa, mejores instalaciones médicas y un salario estable.

No sólo se beneficiaban de una buena paga y de una posible parte del botín, sino también del botín de guerra.

Se abandonó la antigua formación de falange y la cohorte sustituyó a la anterior manípula, formada por 480 hombres divididos en seis centurias de 80 hombres.

Mario introdujo ejercicios con armas y también reformó el proceso de nombramiento de los oficiales superiores.

Estos nuevos legionarios estaban mejor entrenados, disciplinados y, por tanto, eran más flexibles y eficaces en la batalla.

El emperador Augusto, tras su llegada al poder en el 27 a. C., reformó completamente el ejército.

Disolvió 32 de las 60 legiones existentes, licenciando a 260.000 hombres. Las 28 legiones restantes se redujeron a 25.

Bajo los siguientes emperadores, se añadieron legiones adicionales, culminando en un ejército permanente de 150.000 legionarios y 180.000 auxiliares de infantería y caballería.

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Conclusión

El legionario romano, a través de su entrenamiento, disciplina y destreza en combate, se convirtió en un símbolo del poder imperial romano.

Las legiones, a través de diversas reformas, se adaptaron constantemente a las necesidades cambiantes del Estado romano. Estos soldados no sólo conquistaron vastos territorios, sino que también desempeñaron un papel crucial en el mantenimiento del control romano y en la difusión de la cultura romana por todo el imperio.

Su legado, marcado por las tácticas militares, la disciplina y la organización romanas, sigue resonando a través de los tiempos.

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