Los 10 Mandamientos: Cuáles son, Significado e Historia

Los Diez Mandamientos (o «Decálogo») son leyes escritas en dos tablas de piedra que Dios entregó a Moisés en el monte Horeb, en la península del Sinaí, durante la huida del pueblo de Israel a Egipto y que constituyen para los cristianos lo que es correcto, el camino del bien y quien las respeta actúa según la voluntad de Dios.

De una u otra forma, todos conocemos los diez mandamientos dados tal y como los leemos en la Biblia, precisamente en el Antiguo Testamento, tal y como supuestamente Dios se los dictó a Moisés. Pero, ¿Sabemos el significado de cada uno de estos mandamientos?

El Decálogo (deka=10 logous=palabras) contiene una lista de leyes fundamentales y esenciales para el hombre, veamos el texto de los 10 mandamientos uno por uno…

Cuáles son los 10 mandamientos y su significado

Cuando el Señor terminó de hablar con Moisés sobre el monte Sinaí, le dio las dos tablas del testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios

Éxodo 31:18
  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No darás falso testimonio ni mentirás.
  9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciarás los bienes ajenos.

1.- Amarás a Dios sobre todas las cosas.

El Señor se erige como el único Dios al que hay que venerar.

Esto está muy relacionado con las religiones politeístas que creían en la existencia de otros dioses, pero hoy también podemos comparar este culto al éxito y al dinero que para muchos vale más que cualquier otra creencia.

2.- No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.

Salvo por razones válidas por las que un creyente necesita acudir a Él, no se puede pronunciar el nombre de Dios.

No se puede nombrar a Dios, a no ser que se trate de una invocación dada por motivos más que justificados, como cuando se le pide ayuda o se reza. Es más, todos los que que se toman la libertad de ofenderle con blasfemias o maldiciones le hacen un gran daño a Dios y es una gran falta de respeto.

3.- Santificarás las fiestas.

No podemos trabajar siempre y únicamente; es Dios mismo quien nos lo recuerda. El sábado, el domingo y las fiestas deben ser santificados.

Por fiesta de Dios se entiende la oración, la meditación y la escucha de su palabra asistiendo a misa.

4.- Honrarás a tu padre y a tu madre.

Los niños deben respetar siempre a sus padres, que los han cuidado desde el momento de su nacimiento, que les han dado la vida.

Especialmente cuando han llegado a la vejez o en tiempos de necesidad, el hijo tiene el deber de cuidar de ellos.

5.- No matarás.

Esta ley quiere decir que sólo Dios tiene el derecho de crear una nueva vida o dejarla morir.

Hoy en día ya no es necesario que nos recuerden este mandamiento, pero en la antigüedad había sacerdotes, generales, profetas y reyes con el poder de ordenar la muerte de alguien sólo por haber transgredido su ley.

6.- No cometerás actos impuros.

Se refiere en particular al adulterio y, por lo tanto, a las actitudes que llevan a algunas personas a mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Para Dios, el adulterio es el más grave de los comportamientos porque se traiciona el amor, la fidelidad, el respeto y se contamina la pureza de la intimidad de su relación.

7.- No robarás.

Robar antiguamente era una forma de obtener alimentos u otros bienes, y aún hoy sigue siendo así para muchas personas.

Por ley divina, el hombre debe tener un trabajo honesto porque robar es siempre una acción incorrecta que perjudica a nuestros hermanos. Si uno se encuentra en dificultades, es esencial pedir ayuda.

8.- No darás falso testimonio ni mentirás.

Es importante aprender a vivir con el valor de dar testimonio de la verdad y construir relaciones basadas en la lealtad sin engaños.

Para los judíos, decir mentiras no era gran cosa, pero Dios dijo que debíamos aprender a vivir con el valor de dar testimonio de la pura verdad, y que las relaciones entre las personas debían caracterizarse por la franqueza y la lealtad, y que no debían engañarse unos a otros.

La verdad es necesaria para mantener la justicia y la paz, por lo que los que están con Dios deben rechazar las mentiras y falsedades y aceptar las consecuencias de la verdad aunque no sean agradables.

9.- No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

Este mandamiento es muy similar al sexto mandamiento, pero pretende resaltar la importancia del matrimonio, el compromiso adquirido por la pareja de formar una familia dejando de lado posibles distracciones, aunque sean de pensamiento.

10.- No codiciarás los bienes ajenos.

Sentir envidia por las cosas que poseen los demás y que uno quisiera poseer hasta conseguirlas, no puede llegar a convertirse en el objetivo de su vida.

El dinero, la inteligencia, los bienes materiales, son diferentes para cada hombre y han sido asignados para ser administrados de forma correcta, poniéndolos al servicio de todos para el bien del prójimo y no para desencadenar sentimientos de envidia y egoísmo.

Profundizando un poco más en su significado…

Los mandamientos se expresan principalmente en forma negativa («no hagas…», «no digas…») y por ello se interpretan a menudo de forma errónea y reductora, como si bastara con no matar, no robar, etc. para considerarse conforme a la voluntad de Dios.

Efectivamente, es cierto que está prohibido que nadie incumpla estos preceptos vinculantes, pero Juan Pablo II (Veritatis splendor, 52) aclaró que la obligación de respetar los mandamientos en cualquier circunstancia no es una prohibición en sí misma, sino que es una invitación a amar cada vez más.

Los mandamientos son, pues, un pacto y una alianza con Dios, que ya ha cumplido sus compromisos, lo que garantiza que nunca dejará de ser fiel.

Son también un acto por el que Dios, el liberador, pone a los hombres en la condición privilegiada de ser liberados de toda forma de mal y de pecado si se ajustan a su ley.

En consecuencia, Dios no impone los mandamientos para someter a los hombres, sino que, por el contrario, las tablas de la ley son el fundamento de su libertad, porque indican un camino hacia la tierra prometida, que para los cristianos es la vida eterna, ayudándoles a recorrer el camino correcto hacia la salvación y a reencontrarlo cada vez que lo pierden de vista, cayendo en el error o en el pecado.

Origen, Historia y División de los 10 Mandamientos

Moisés y los diez mandamientos, Película
Moisés y los diez mandamientos (Película de 1956 dirigida por Cecil B. DeMille e interpretada por Charles Heston)

Según la tradición cristiana, los Mandamientos -también llamados Ley Mosaica o Sinaítica- son «las Diez Palabras» escritas por Dios en el Monte Sinaí, llevadas por Moisés en tablas de piedra a todo el pueblo judío en el desierto, en el siglo XII antes de Cristo.

Estas tablas se conservaron entonces celosamente en el Arca de la Alianza, el lugar de la presencia de Dios entre el pueblo, pero más tarde se perdieron en la destrucción del Templo de Jerusalén.

Los 10 mandamientos se transmitieron oralmente de padres a hijos y luego, en el siglo VIII a.C., se escribieron en dos libros del Antiguo Testamento: el Éxodo 31:18 y el Deuteronomio 5:6-21.

Este decálogo es una parte esencial de la alianza de Dios con su pueblo, y el texto original hebreo es la base de los mandamientos de las tres grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islam).

Sin embargo, cada una de ellas las ha interpretado de forma diferente, con diferencias incluso dentro de cada religión.

Los Diez Mandamientos o Decálogo (diez palabras) son el fundamento del Antiguo Testamento para judíos y cristianos y contienen las leyes básicas que Dios ha enseñado a poner en práctica para lograr la salvación eterna.

En realidad, hay más de diez mandamientos y el texto está presente en dos versiones parcialmente diferentes en dos libros de la Biblia (Éxodo y Deuteronomio, que son respectivamente el segundo y el quinto libro de la Torá judía y de la Biblia cristiana).

A lo largo de la historia, la división y la numeración de los mandamientos han variado.

Existe una diferencia entre las distintas tradiciones religiosas en cuanto a la división de los mandamientos, con especial referencia a la relación entre el primer y el segundo mandamiento y entre el noveno y el décimo.

Los judíos, los ortodoxos, los evangélicos y los testigos de Jehová incluyen la prohibición de hacer imágenes de Dios y de adorarlas de forma idolátrica en el segundo mandamiento, separando esta prohibición del primero.

Además, el décimo mandamiento, que prohíbe desear a la mujer del prójimo, extiende la prohibición también a las cosas y los animales de otras personas.

La Iglesia católica occidental y los luteranos, por el contrario, se inspiran en la tradición de San Agustín y en el texto del Deuteronomio, más que en el del Éxodo.

En consecuencia, consideran que la prescripción contra las imágenes forma parte del primer mandamiento. Además, separan la prohibición de codiciar a la mujer de otro para valorar a las mujeres por encima de las demás «propiedades» de su vecino.

En la religión cristiana católica, San Agustín estableció una división que se hizo tradicional en la Iglesia católica y que también siguen las confesiones luteranas.

Aurelio Agustín de Hipona (13 de noviembre de 354 – 28 de agosto de 430), teólogo, conocido como San Agustín

San Agustín tomó como base el texto del Deuteronomio, consideró la prescripción sobre las imágenes como parte del primer mandamiento y separó la prohibición de codiciar la mujer del prójimo de la prohibición de codiciar los bienes.

De este modo, el segundo mandamiento se suprimió por completo de la traducción del Éxodo y el décimo mandamiento se convirtió en dos, para llenar el vacío del segundo, que -como se ha dicho- fue anulado.

El Cuarto Mandamiento (que se convirtió en el Tercer Mandamiento en el Catecismo Católico), de «Acuérdate de santificar el sábado» (el Shabat judío) pasó a ser » Santificarás las fiestas «.

Y como resultado, el sábado, día sagrado e intocable para los judíos (por tanto también para Jesús) y para Dios, en la Santa Biblia, se traslada al domingo.

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