Cómo Las patatas dieron a Europa dos siglos de paz…

Después de su introducción en el siglo XVI, el humilde tubérculo garantizó el sustento y bienestar de la población del continente, reduciendo las tensiones y el descontento.

Si hace cinco siglos hubiera existido el Premio Nobel de la Paz, seguramente se habría nominado un alimento común: la patata, fácil de cultivar, resistente a la sequía y apta para muchos tipos de suelo, trajo un par de siglos de prosperidad tras su introducción en Europa en el siglo XVI.

Esta es la idea desarrollada en un estudio realizado por tres economistas de las universidades americanas de Harvard, Colorado y Northwestern’s Kellogg School of Management.

Cuando el tubérculo descubierto en las Américas a lo largo del siglo XV llegó a Europa, aumentó la productividad, contribuyó a disminuir el valor de la tierra a cultivar, mejoró la oferta alimentaria y elevó los salarios, trayendo beneficios de cadena para todas las clases sociales, desde los campesinos hasta las jerarquías dominantes. Durante al menos un par de siglos, la revolución agrícola resultante ayudó a aliviar las presiones sociales que, en otras circunstancias, podrían haber provocado conflictos entre Estados.

Las patatas dieron a Europa dos siglos de paz

Los investigadores analizaron datos de 2.477 batallas libradas en 899 guerras durante 500 años, principalmente a lo largo de las fronteras de Austria, Francia, Rusia y Turquía, pero también en Oriente Medio y el norte de África.

Llegaron a la conclusión de que las patatas ayudaban a las familias a producir grandes cantidades de cultivos, incluso en pequeñas parcelas de tierra, reduciendo así el valor de la tierra, lo que provocaba una reducción significativa de los conflictos debidos a la propiedad de la tierra. Además, el aumento del bienestar de los campesinos produjo un aumento de los ingresos en forma de impuestos, lo que condujo a una mayor estabilidad.

Cuestionar esta condición general de bienestar relativo en comparación con los períodos previos a la introducción de la patata no fue muy conveniente para los agricultores y gobernantes: el resultado fue un par de siglos marcados por pocos disturbios y guerras civiles. Los resultados coinciden con los estudios que relacionan las perturbaciones climáticas -como las sequías graves o los inviernos rigurosos- con la inestabilidad social y el inicio de conflictos armados.

Las conclusiones también pueden aplicarse, al menos en parte, a los Estados modernos, que hoy, como siempre, dependen de la agricultura: al mejorar la productividad podríamos lograr un efecto de mayor estabilidad política y social.

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