¿Quién fue Víctor Manuel III?

¿Quién fue y qué hizo el último rey de Italia que entregó la nación a los fascistas?

A veces regresan. Este es el caso del último rey real de Italia, Victor Manuel III, cuyo cuerpo recientemente regresó a Italia. Su figura siempre ha sido muy controvertida.

En 46 años de reinado -de 1900 a 1946- participó en dos guerras mundiales. Y presenció la introducción del sufragio universal (primero masculino y luego femenino), el surgimiento del fascismo, la promulgación de leyes raciales y el fin de la monarquía.

¿Habría sido posible, en algunos casos, cambiar el curso de la historia de Italia? Según muchos historiadores sí. En el último rey  de Italia, aún pesan muchas sombras.

Rey Soldado

Victor Manuel III se convirtió en un rey de poco más de treinta años de edad en 1900 cuando su padre, Humberto I, fue asesinado.

La primera gran responsabilidad asumida en 1915 fue apoyar la intervención de Italia en la Primera Guerra Mundial. Al final del conflicto, se llevó a casa una dolorosa y atormentada victoria. Pero sobre todo un apodo:”Rey soldado”. Un apodo que se adaptaba mal a su altura (1 metro y 53 metros).

Según dice Indro Montanelli en su Historia de Italia. Había crecido, pero sólo cabeza y torso. Sus miembros habían permanecido subdesarrollados, y sus raquíticas piernas apenas estaban apoyadas.

El apodo de rey soldado, sin embargo, siguió siendo una marca, incluso en los años siguientes. Y en algunos aspectos será útil cuando Italia presenció el surgimiento del fascismo.

La segunda gran responsabilidad que asumió el rey en ese momento fue, de hecho, abrir las puertas de las instituciones a Benito Mussolini. En los días calurosos de la marcha sobre Roma pudo haberlo detenido, en vez de eso le entregó el país, dándole la tarea de establecer un gobierno.

¿Por qué lo hizo?

Según los historiadores, por miedo a la rebelión del ejército. O más probablemente porque pensó que el fascismo podría representar una barrera a las tensiones sociales que entonces sacudieron Italia.

El resultado no fue la paz social. Pero un país a la deriva a merced de leyes cada vez más antidemocráticas: desde la disolución de partidos y sindicatos, pasando por la supresión de las libertades individuales y colectivas, hasta las infames leyes raciales. Y también un país comprometido en sangrientas empresas militares: desde la aventura colonial en Etiopía, hasta la entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial, siguiendo la alianza con Alemania de Adolf Hitler.

El rey tardó y se alejó mucho del régimen.

Para separar el destino de la monarquía del de Mussolini, durante la sesión del Gran Consejo (25 de julio de 1943) coincidió con los gerarcas en que el Duce se había apoyado, sustituido por el mariscal Pietro Badoglio al mando del país. Luego firmó el armisticio (8 de septiembre de 1943) con los angloamericanos, de hecho la entrega incondicional de nuestro país.

La huida a Brindisi (debajo de la protección angloamericana) y el abandono del capital en manos de los alemanes al día siguiente del anuncio del armisticio fue la lápida de su imagen.

Como explica Marta Erba en Focus Storia, algunos historiadores creen que el soberano de Saboya no hizo, como la mayoría de ellos dicen, un acto de cobardía. Y esa idea fue alimentada por la propaganda de la República de Salò que, para legitimarse, tenía todo el interés en desacreditar al rey.

Los filomonarquistas argumentan que fue una transferencia necesaria para salvar la continuidad del Estado. El hecho es que, con esa elección, el rey en primer lugar salvó su pellejo. Pudo haber abdicado y se detuvo en Roma, dejando que su hijo Humberto se moviera”, señala Paolo Colombo, profesor de Historia de las Instituciones Políticas de la Universidad Católica de Milán. Pero sobre todo debería haber pensado en las tropas, ya que formalmente había comandado las fuerzas armadas “.

En cambio, la fuga, junto con la “conspiración del silencio” de los días siguientes, tuvo efectos desastrosos: dio a los alemanes tiempo para organizarse, tomar el control de la Italia central-norteña y liberar a Mussolini. Exponer al país a otros 20 meses de guerra.

Todo esto fue fatal para el destino de la monarquía en Italia.

El rey abdicó en mayo de 1946 a favor de su hijo Humberto II (que fue rey durante un mes,”el rey de mayo”). Fue un último intento desesperado de rehabilitar la imagen de la monarquía, en vísperas del referéndum que habría sancionado el nacimiento de la República.

El regalo enviado a Alcide De Gasperi el 9 de mayo de 1946, pocos días antes del referéndum monárquico-república, valió la pena:”Señor Presidente” escribió el rey,”Dejo la colección de monedas al pueblo italiano, que fue la mayor pasión de mi vida”.

Antes incluso de conocer el resultado de la votación Victor Manuel III se retiró a Alejandría en Egipto, donde murió el 28 de octubre.

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