Causas de la Revolución Francesa: Antecedentes y Consecuencias

Causas de la Revolución Francesa

La Revolución Francesa fue un importante cambio sociopolítico que tuvo lugar entre 1789 y 1799 en el Reino de Francia. Fue provocada por una serie de causas, que incluyen las desigualdades sociales, el absolutismo monárquico, la crisis económica y las ideas de la Ilustración.

Estas causas generaron un sentimiento de insatisfacción y descontento entre la población francesa, llevándolos a desafiar el poder feudal y buscar un modelo de gobierno más justo y equitativo, dando lugar, en 14 de julio de 1789, al asalto del palacio de Versalles.

Causas de la revolución francesa

¿Cuáles fueron las Causas de la Revolución Francesa que pusieron fin a la monarquía?

La Revolución Francesa fue un acontecimiento histórico de gran trascendencia que transformó radicalmente la sociedad y la política en Francia, y tuvo repercusiones significativas en todo el mundo.

Fue provocada por diversas causas, como las desigualdades sociales, la crisis económica y las ideas de la Ilustración. Esta revolución marcó un cambio duradero en la concepción del poder y sentó las bases para el desarrollo futuro de los derechos humanos y la democracia.

Se originó a partir de una sensación ampliamente compartida de desagrado y malestar entre los franceses, quienes aspiraban a un sistema de gobierno más justo y equitativo.

Las desigualdades sociales, la autoridad monárquica y la falta de libertades individuales fueron factores determinantes en el estallido de la revolución, pero no fueron los únicos, como veremos a continuación.

Situación política y económica previa

El Antiguo Régimen en Francia se caracterizaba por un sistema político y social basado en la monarquía absoluta, donde el rey tenía un poder ilimitado y el pueblo carecía de derechos.

Esta autoridad monárquica ejercida sin restricciones generaba un creciente malestar en la población, que anhelaba un gobierno más justo y participativo.

Antes de la Revolución Francesa, la sociedad estaba dividida en tres estamentos:

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  • el clero (Primer Estado), estamento compuesto por miembros de origen noble y plebeyo, exento de impuestos y con control sobre la educación y la censura;
  • la nobleza (Segundo Estado), también libre de impuestos, con privilegios hereditarios y cargos importantes;
  • y el Tercer Estado, que incluía a la burguesía, campesinos y artesanos, quienes pagaban impuestos sin tener representación política.

Los primeros dos estamentos, que constituían el 3 % de la población, eran mantenidos por el Tercer Estado, que representaba el 97 % de la población, pero carecía de voz en la política fiscal.

Los cambios sociales en el Antiguo Régimen que entonces representaba la monarquía francesa reflejan una transición del feudalismo, donde los nobles poseían tierras trabajadas por campesinos y recaudaban tributos, y la Iglesia cobraba diezmos.

Sin embargo, el crecimiento urbano y el auge del comercio dieron origen a una nueva clase económica: la burguesía (comerciantes, banqueros, profesionales), que empezó a reclamar derechos políticos.

Además, la presencia en las urbes de artesanos y clases bajas creció, algunos accediendo a la educación y a la participación política a través de periódicos y clubes.

En las zonas rurales, las técnicas agrícolas del feudalismo restringían la capacidad de ajustarse al incremento en la necesidad de alimentos.

Además, el país enfrentaba una grave crisis económica durante ese periodo.

Las malas cosechas y la mala gestión económica causaron una importante escasez de alimentos, lo que llevó a hambruna y pobreza generalizada entre la población.

Estas condiciones económicas precarias contribuyeron aún más al descontento social y al deseo de cambio.

Toma de la Bastilla

Influencia de las ideas de la Ilustración

La Ilustración fue un movimiento intelectual que tuvo un gran impacto en la sociedad francesa durante el siglo XVIII (el Siglo de las Luces).

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Filósofos como VoltaireRousseau y Montesquieu promovieron ideas revolucionarias que desafiaron el statu quo y despertaron el deseo de cambio en la población francesa.

Estas ideas filosóficas defendían la igualdad de todos los seres humanos, el poder de la razón y la crítica a las injusticias sociales y políticas.

"La Ilustración propugnaba el conocimiento, la educación y la libertad como valores fundamentales para el progreso de la sociedad" - Voltaire

Las obras de estos filósofos influyeron en la mentalidad de la época y plantearon cuestionamientos sobre el poder absoluto de la monarquía y las desigualdades sociales existentes.

Los filósofos del siglo XVIII cuestionaron los fundamentos del Antiguo Régimen en aspectos políticos, sociales, económicos y religiosos.

El sistema se basaba en una monarquía absoluta de derecho divino, donde el rey era visto como representante de Dios y solo le rendía cuentas a Él.

A lo largo del tiempo, la influencia del rey se extendió por todo el territorio francés.

Los filósofos de la época, con ideas variadas, criticaron este régimen por considerarlo arcaico, destacando sus contradicciones e ineficiencias, especialmente bajo los reinados de Luis XV y Luis XVI.

Propusieron alternativas como la monarquía parlamentaria (Voltaire), la separación de poderes (Montesquieu) y una democracia basada en un "contrato social" con igualdad y soberanía del pueblo (Rousseau) y el sufragio universal.

Sus ideas iluminaron la mente de la sociedad francesa, despertando el deseo de un cambio político y social basado en principios más justos y equitativos.

Diferencia entre Absolutismo y LiberalismoDiferencia entre Absolutismo y Liberalismo

También se promovieron varias teorías sociales, destacando el derecho natural, el contrato social y el derecho de resistencia, con filósofos como John Locke y Jean-Jacques Rousseau liderando el pensamiento.

Se enfatizó que la felicidad es un derecho fundamental y la política debería buscar la felicidad de los pueblos.

Hubo una condena a las desigualdades sociales y se promovió la educación pública.

Los filósofos exploraron modelos sociales más justos a través de viajes y correspondencia, abogando por la libertad y la igualdad en un nuevo humanismo.

Económicamente, tras superar las limitaciones medievales y mercantilistas, surgieron la Fisiocracia y el Liberalismo Económico, buscando menos control y más libertad en el comercio.

En lo religioso, mientras la monarquía absoluta se asociaba con el catolicismo, los filósofos abogaban por la libertad religiosa con diversas perspectivas, desde el ateísmo hasta el deísmo.

El Tercer Estado cargando al Primer y al Segundo Estado

Desigualdades sociales y económicas

En la sociedad francesa del Antiguo Régimen, existía una gran desigualdad entre las clases notables, como la aristocracia y el clero, y el estado llano, compuesto por la mayoría de la población.

Mientras la nobleza francesa y el clero disfrutaban de privilegios y riqueza, el pueblo llano sufría pobreza extrema y carecía de derechos y oportunidades.

Estas desigualdades sociales y económicas eran evidentes en todos los aspectos de la vida cotidiana.

La aristocracia y el clero poseían la mayor parte de las tierras y riquezas del país, mientras que la población se veía obligado a pagar impuestos y soportar las cargas económicas sin recibir apenas beneficios.

Esta situación generaba una profunda sensación de injusticia y resentimiento entre la población, exacerbando la brecha entre las clases sociales.

Además de las desigualdades económicas, existían también desigualdades políticas y legales.

Las clases privilegiadas tenían privilegios y derechos especiales, como la exención de ciertos impuestos y el acceso a buenos empleos y cargos públicos.

Por otro lado, el estado llano carecía de representación política y no tenía voz ni voto en las decisiones que afectaban a su vida cotidiana.

Estas desigualdades sociales y económicas fueron un factor determinante en el estallido de la Revolución Francesa. Generaron un profundo sentimiento de descontento entre la población, que buscaba un cambio en el sistema político y social para lograr una mayor igualdad y justicia.

La lucha contra las desigualdades sociales se convirtió en uno de los principales motores de la revolución por parte del pueblo, impulsando a la población a desafiar el poder de las clases privilegiadas y exigir sus derechos y libertades.

La influencia de la Revolución Americana

A mediados del siglo XVIII, Inglaterra tenía trece colonias en la costa este de América del Norte, pobladas por inmigrantes británicos y leales a la metrópoli.

Inicialmente, Inglaterra mantuvo un control político moderado y estableció relaciones económicas privilegiadas con las colonias, además de proveer protección militar.

Sin embargo, tras debilitarse financieramente por la Guerra de los Siete Años con Francia (1756-1763), impuso impuestos autoritarios a las colonias, violando la norma de que ningún ciudadano británico debía pagar impuestos sin representación en el parlamento.

Los colonos reaccionaron boicoteando los productos gravados y enfrentando disputas territoriales, como el deseo del rey de reservar territorios al este de los Apalaches para los indígenas.

El incidente clave fue el Motín del té en diciembre de 1773, donde colonos destruyeron un cargamento de té, llevando a Jorge III a enviar la armada para controlar la rebelión.

En 1774, representantes coloniales proclamaron el derecho de los pueblos a participar en la elaboración de leyes, y el 4 de julio de 1776, declararon la independencia de los Estados Unidos, rompiendo con la metrópoli inglesa.

Estados Unidos inició su guerra de independencia contra Inglaterra, enviando negociadores como Benjamín Franklin a Francia para buscar apoyo.

Gracias a la reputación científica de Franklin, Francia, liderada por Luis XVI, decidió apoyar a los americanos con recursos navales, militares y financieros, en un esfuerzo por contrarrestar a Inglaterra y superar humillaciones pasadas.

Sin embargo, este apoyo tuvo consecuencias políticas y financieras negativas para Francia, ya debilitada por la Guerra de los Siete Años.

La guerra culminó con la victoria americana y la firma del Tratado de Versalles en 1783, reconociendo la independencia de Estados Unidos.

En 1787, Estados Unidos adoptó una constitución que estableció una república federal con división de poderes, aunque en sus inicios solo los propietarios blancos podían votar.

Este sistema pionero demostró la viabilidad de un gobierno donde el pueblo era el soberano.

La revolución americana inspiró sentimientos anti-absolutistas y fomentó la adopción de sistemas constitucionales, especialmente en la nación francesa, donde la deuda generada por la guerra de independencia en América agravó la situación financiera del reino.

El Establecimiento de la monarquía parlamentaria durante la Revolución Inglesa del siglo XVII

Durante el reinado de Luis XIV en Francia (1643-1715), se centralizó el poder real, subyugando a la nobleza y fortaleciendo la monarquía absoluta.

Mientras tanto, Inglaterra experimentó dos revoluciones significativas: la Guerra Civil (1642-1649) y la Revolución Gloriosa (1688-1689), que definieron su evolución política y social.

A diferencia de Francia, Inglaterra había establecido un equilibrio de poder entre el rey y el parlamento desde la firma de la Carta Magna en 1215, evolucionando gradualmente hacia un mayor poder parlamentario en el siglo XVII.

En Francia, a pesar de las limitaciones prácticas del poder real en la Edad Media, la monarquía se fortaleció progresivamente, culminando en una monarquía absoluta de derecho divino bajo Luis XIV.

Este proceso fue meticulosamente preparado por los predecesores de Luis XIV, como Enrique IV y Luis XIII, con el apoyo de figuras como el cardenal Richelieu.

Luis XIV, tras la revuelta de la Fronda, ejerció un poder casi absoluto, limitando significativamente el poder de la nobleza y estableciendo su dominio mediante el control directo y una corte fastuosa en Versalles.

En Inglaterra, la situación era distinta.

Los intentos de los reyes Jacobo I y Carlos I de reforzar la monarquía absoluta desencadenaron la Guerra Civil, durante la cual los partidarios del parlamento, liderados por Oliver Cromwell, prevalecieron.

Tras la ejecución de Carlos I y la dictadura de Cromwell, la monarquía fue restablecida, pero con un parlamento más fuerte, evidenciado por leyes como el Habeas Corpus.

A diferencia de Francia, Inglaterra mantuvo la monarquía pero con un equilibrio de poder más favorable al parlamento.

La historia política de Inglaterra y Francia en este periodo muestra dos trayectorias diferentes.

Mientras que Inglaterra se encaminaba hacia una monarquía constitucional con un parlamento fuerte, Francia avanzaba hacia una monarquía absoluta.

Las diferencias entre Inglaterra y Francia moldearon eventos políticos futuros, inspirando tanto la Revolución Francesa como influyendo en el pensamiento político de la Ilustración y la Revolución Americana.

Estallido de la Revolución

El estallido de la Revolución Francesa tuvo lugar el 5 de mayo de 1789 con la toma de la Bastilla, una de las principales fortalezas de la monarquía y símbolo del despotismo y la opresión.

Este acto de protesta popular marcó el inicio de un movimiento revolucionario sin precedentes en la historia de Francia.

En respuesta a las duras condiciones sociales y políticas, la Asamblea Nacional fue establecida como un cuerpo representativo para buscar soluciones y promover los principios de libertad, igualdad y fraternidad.

La toma de la Bastilla fue un hecho emblemático que simbolizó la lucha del pueblo francés contra la opresión y la búsqueda de un nuevo orden político.

El estallido popular y el surgimiento de la Asamblea Nacional marcaron el comienzo de una serie de eventos que transformarían la sociedad francesa y tendrían un impacto duradero en la historia mundial. La Revolución Francesa fue un punto de inflexión en la lucha por los derechos civiles y sentó las bases para los ideales de la democracia y la justicia social.

Consecuencias de la Revolución Francesa

La Revolución Francesa tuvo importantes consecuencias que repercutieron en Francia y en el resto del mundo.

Uno de los cambios más significativos fue el fin del orden feudal, que había mantenido a la nobleza y el clero en una posición privilegiada, mientras el resto de la población sufría desigualdades y carencias.

Con la abolición de la monarquía y la instauración de un nuevo régimen político, se sentaron las bases para una sociedad más igualitaria y justa.

Otra consecuencia importante de la Revolución Francesa fue la proclamación de los primeros derechos universales del ser humano.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, promulgada en 1789, estableció principios fundamentales como la libertad, la igualdad, la propiedad y la resistencia a la opresión.

Estos derechos sentaron las bases para la lucha por los derechos humanos en todo el mundo y son considerados pilares fundamentales de las sociedades democráticas actuales.

La Revolución Francesa también tuvo una influencia significativa en las colonias americanas que buscaban su independencia de Europa.

El ejemplo de la lucha por la libertad y la igualdad en Francia inspiró a los revolucionarios en América Latina y del Norte, quienes se enfrentaban a regímenes coloniales y monárquicos.

La Revolución Francesa fue un referente para estas luchas de independencia y contribuyó a la formación de los nuevos Estados en América.

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