El insólito caso de 1866: el ejército de Liechtenstein envió 80 soldados y regresaron sin bajas siendo 81
La historia militar del mundo occidental está repleta de batallas sangrientas, tácticas desgarradoras y tragedias indescriptibles que han marcado el destino de imperios enteros. Sin embargo, en muy raras ocasiones, los registros oficiales nos sorprenden con anécdotas que parecen haber sido escritas para una película de comedia o un relato de ficción. Una de estas rarezas absolutas ocurrió durante un conflicto bélico del siglo XIX, en un momento donde las grandes potencias europeas dirimían sus diferencias a base de pólvora y plomo.
Imagina por un instante un territorio soberano que, arrastrado por alianzas internacionales, se ve en la obligación de mandar a sus jóvenes a defender las fronteras. Las familias se despiden de ellos con el lógico terror de no volver a verlos jamás.
Pero, unos meses después, no solo retornan todos absolutamente ilesos, sino que traen consigo a un nuevo amigo. El ejército de Liechtenstein protagonizó exactamente este extraordinario y único episodio en 1866. La nación ordenó marchar al frente de batalla, Liechtenstein envió a 80 soldados al frente y, ante el asombro de toda la capital, la tropa regresó a casa con 81 efectivos.
¿Cómo es posible que las matemáticas militares fallen de una manera tan rotunda y a favor de la vida? ¿Quién era realmente ese misterioso hombre extra que se coló en las filas?
Para comprender el enigma del soldado ochenta y uno, debemos viajar a una Europa convulsa, analizar los registros de la época y adentrarnos en las montañas alpinas.

El origen: un pequeño Principado de Liechtenstein entre gigantes
A mediados del siglo XIX, el mapa europeo era un tablero de ajedrez donde los enormes imperios movían sus piezas sin piedad. En medio de esta permanente tensión, Liechtenstein es un país minúsculo que trataba de sobrevivir.
Situado geográficamente en pleno corazón de los Alpes, encajado entre Suiza y Austria (o dicho a la inversa, delimitado por Austria y Suiza), este territorio ha mantenido una peculiar y resiliente historia que llega hasta nuestros días, donde pervive como una rareza moderna: una monarquía absoluta en pleno siglo XXI y un paraíso fiscal donde el príncipe es el dueño del banco.
Pero retrocedamos en el tiempo.
La consolidación de sus fronteras actuales se remonta al año 1719, cuando los ambiciosos príncipes de Liechtenstein lograron que el Sacro Imperio Romano Germánico reconociera formalmente la unión territorial. Juntaron los dominios comprados, unificando Vaduz y Schellenberg (específicamente, el histórico condado de Vaduz con las tierras adyacentes de Schellenberg), formando así el pequeño principado.
Aunque en su pasado más lejano el linaje gobernante participó en varias guerras y también participó en varios conflictos bélicos (destacando figuras de autoridad como el histórico príncipe Antonio Florián de Liechtenstein), la realidad geopolítica del siglo XIX exigía a la corona una postura defensiva.
El Motín de la Bounty: La Historia del HMS Bounty, la Traición y el Secreto de PitcairnA pesar de su minúsculo tamaño y su limitada población, el país intentaba mantener un ejército para cumplir diligentemente con sus obligaciones en la Confederación Germánica. La capital, Vaduz, servía como centro de mando y era allí donde la élite decidía el futuro de la población.
La Guerra Austro-Prusiana de 1866 y la movilización forzosa
Todo el equilibrio se rompió cuando estalló la mortífera Guerra de las Siete Semanas, también identificada en los manuales de historia como la Guerra Austro-Prusiana de 1866.
En esta brutal contienda, el expansivo reino de Prusia, con un aparato militar que ya desde el siglo XVIII era temido por ser considerado extremadamente duro y draconiano, buscaba la hegemonía total sobre los estados alemanes, desafiando el poder del Imperio de Austria.
En este escenario de alianzas ineludibles, la pequeña nación de Liechtenstein se unió al bando austríaco en virtud de sus deberes confederales. La orden proveniente de los altos mandos fue clara: el Estado debía aportar fuerzas para la inminente lucha.
El cuerpo de combate principal contaba con 80 hombres, mientras que una reserva adicional de 20 efectivos se quedó atrás en la capital como guardia de retén. Así, con todo preparado, el modesto ejército de 80 hombres marchó al encuentro de su destino.
El mando estratégico ordenó que este batallón se dirigiera hacia el sur, específicamente al Tirol del Sur, para establecer posiciones en el estratégico paso del Brennero. Su misión primordial no era enfrentarse directamente a Prusia, sino asegurar la frontera alpina contra un posible ataque de las tropas de Italia, quienes en este conflicto operaban como fieles aliados de los prusianos.
El contraste con el frente de batalla principal fue absoluto. Mientras que en el norte el conflicto se definía trágicamente en la carnicería conocida como la Batalla de Königgrätz —la cual le daría una victoria aplastante a los prusianos y marcaría el fin del choque dando paso a la Paz de Praga—, los reclutas liechtensteinianos experimentaron una de las campañas militares más pacíficas jamás registradas.
Las montañas alpinas, la espera y el compañerismo
En el gélido pero hermoso entorno del paso del Brennero, el tiempo parecía detenerse. El temido ataque italiano jamás se materializó.
Según atestiguan las crónicas de la época, el contingente desplazado para proteger la región pasó la mayor parte de sus días y noches de guardia sentados en las laderas de las majestuosas montañas.
Al no haber ninguna amenaza inminente, los combatientes pasaron la guerra fumando sus pipas tranquilamente, disfrutando de las vistas y consumiendo generosas raciones de vino y cerveza local. No dispararon un solo proyectil con la intención de segar una vida humana.
El letal accidente aéreo del vuelo 571 de la fuerza aérea uruguayaSu participación en la Guerra de las Siete Semanas fue, en términos prácticos, un retiro en la montaña.
📜 Archivo Secreto: Mientras el horror se desataba en otros frentes, la mayor amenaza a la que se enfrentaron los soldados de Liechtenstein en el paso del Brennero no fueron las bayonetas enemigas, sino el aburrimiento y la resaca por el vino del Tirol. Pasaron la guerra literalmente bebiendo cerveza y haciendo senderismo en uno de los parajes más idílicos de Europa.
Cuando las armas finalmente callaron y la victoria prusiana redibujó las fronteras políticas de la región, llegó el ansiado momento de la desmovilización.
Los hombres prepararon su rudimentario equipo, se formaron y comenzaron la larga caminata de retorno hacia el principado. Como era de esperar tras su pacífica estancia en los Alpes, todos los hombres estaban vivos y coleando; la fuerza armada regresó intacta y todos regresaron sin bajas.
El enigma revelado: ¿Cómo surgieron los 81 soldados?
La entrada a la capital fue un momento de júbilo desbordante. Sin embargo, al momento de pasar revista a las tropas, el oficial al mando notó una inconsistencia matemática fascinante.
La cifra original de 80 hombres no cuadraba. En la plaza de armas se contabilizaron, sin margen de error, un total de 81 hombres en formación. ¡Habían ganado un integrante!
Las especulaciones no se hicieron esperar y la cultura popular adoptó varias teorías fascinantes. Una de las más repetidas sugería que se trataba de un desertor de las filas italianas que, agotado por la miseria de la guerra, vio en estos pacíficos hombres la oportunidad perfecta de escapar hacia una vida tranquila.
Otros rumores sostenían la poética versión de que un soldado austriaco, conmovido por el camaradería del grupo, decidió jurar lealtad a Liechtenstein y se alistó de inmediato, uniéndose permanentemente a la nación alpina.
No obstante, la verdad documentada en los rigurosos registros del Principado de Liechtenstein desmitifica un poco el romance, aunque no le quita la magia al evento. De acuerdo con los historiadores, al batallón estacionado en el Tirol se le había asignado un enlace militar austriaco llamado Radinger.
Este oficial austriaco fue el encargado de actuar como escolta de seguridad y acompañó a los soldados en su viaje de regreso a casa para garantizar que transitaran por el territorio imperial sin trabas burocráticas ni confusiones.
La guerra de los 335 añosAsí que el misterioso hombre extra no era un prófugo ni un nuevo recluta, sino simplemente un diligente funcionario del Imperio que cumplía su labor.
Seguramente, tras dejar a sus amigos sanos y salvos, este austriaco regresó a su puesto en el Tirol. A pesar de esta explicación más mundana, la frase "fueron a la guerra siendo ochenta y volvieron ochenta y uno" quedó cimentada como una de las anécdotas más brillantes de la historia militar mundial.
El Principado de Liechtenstein después de la guerra
Este extravagante evento militar dejó profundas lecciones en la corte. Bajo la sagaz mirada del príncipe Juan II, el Estado asimiló que, en una era dominada por imperios industrializados, carecía de sentido mantener fuerzas armadas de tamaño tan minúsculo.
Después de la guerra, el enfoque de la pequeña nación se transformó radicalmente. La idea de volver a derramar sangre (o arriesgarse a ello) fue descartada de plano. Aunque los detalles precisos de las discusiones en el moderno parlamento de Liechtenstein no se detallan siempre en la leyenda, las acciones estatales fueron contundentes.
En 1868, tan solo un par de años después de aquel célebre retorno de los Alpes, la nación disolvió su ejército por completo. Se llegó a la conclusión formal de que portar un ejército propio constituía una carga financiera absurda.
Al abolir su ejército definitivamente, las autoridades inauguraron una nueva era. A partir de entonces, adoptaron una intocable política de neutralidad. El mandato de ser un país neutral pasó a ser el pilar de su política exterior, blindándolos de forma que lograron mantenerse como un país neutral en conflictos bélicos mundiales durante todo el cruento siglo XX.
Ni en la Primera ni en la Segunda Guerra Mundial mandaron un solo hombre a luchar; de hecho, en 1943 el gobierno llegó a prohibir activamente el partido nazi dentro de sus fronteras para proteger su soberanía.
A día de hoy, Liechtenstein sigue sin poseer fuerzas militares regulares. Aquella singular campaña en el verano de la Guerra Austro-Prusiana en 1866 quedó para siempre como la última gesta militar del país... A veces, la victoria más grande de una guerra es hacer amigos en las montañas y regresar con vida a casa.
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