Los Trece de la Fama de 1527: Caballeros de la Isla del Gallo
El aire en la Isla del Gallo era una mezcla insoportable de salitre, humedad espesa y el hedor de la desesperación. Corría el mes de mayo de 1527 y lo que quedaba de la hueste española se encontraba al borde del colapso absoluto. Los hombres, hambrientos y acosados por las fiebres y los mosquitos, solo pensaban en una cosa: regresar vivos a Panamá.
Sin embargo, el destino del mundo tal como se conocía estaba a punto de cambiar por un gesto teatral y desesperado. Cuando el capitán Juan Tafur, enviado por el Gobernador Pedro de los Ríos, desembarcó con órdenes estrictas de evacuar a todos los supervivientes, se encontró con un muro de voluntad inquebrantable encarnado en un solo hombre: Francisco Pizarro.
Lo que ocurrió a continuación es uno de los episodios más icónicos de la Historia de España y el punto de inflexión definitivo para la conquista del Perú. Ante la mirada atónita de sus soldados, el caudillo extremeño desenvainó su espada y, con un movimiento firme, comenzó a trazar una raya en el suelo de la playa virgen.

El origen del desastre: La Compañía de Levante
Para entender la magnitud de la crisis en la Isla del Gallo, debemos retroceder a la conquista del Perú en 1524. En aquel entonces, la empresa no era más que un proyecto privado financiado por la sociedad de Pizarro y Almagro junto al clérigo Hernando de Luque. Esta asociación, conocida como la Compañía de Levante, buscaba emular la gloria que Hernán Cortés había alcanzado en México.
El primer viaje fue un fracaso absoluto. Durante esa fase inicial, Diego de Almagro no solo enfrentó la falta de suministros, sino que en un enfrentamiento con los nativos, Almagro perdió un ojo. Aquella cicatriz física sería solo el inicio de un periplo de penalidades que duraría dos años y medio antes de ver un solo destello de oro real.
En la segunda expedición, iniciada en 1526, la situación no mejoró. Mientras el piloto Bartolomé Ruiz exploraba las costas hacia el sur, el grueso de la expedición se consumía en manglares y playas desoladas.
La tensión entre los líderes era evidente, y la falta de un refuerzo constante desde el norte comenzó a minar la moral de la tropa.
El "recogedor" y el "carnicero": Una traición en verso
La desconfianza hacia los líderes era tal que los soldados idearon formas ingeniosas de pedir ayuda a las autoridades españolas en Panamá. Cuenta la leyenda que, dentro de un ovillo de algodón enviado como regalo a la esposa del gobernador, se escondía una copla que denunciaba las penurias sufridas.
"Pues señor gobernador, miradlo bien por entero, que allá va el recogedor y acá queda el carnicero", rezaba el poema.
El "recogedor" era Diego de Almagro, que volvía constantemente a por víveres, y el "carnicero" era el propio Pizarro, quien mantenía a los hombres en condiciones infrahumanas esperando el éxito de la misión.
Juan Martín Díez, el Empecinado: el gran guerrillero español y su trágico finalAl leer esto, el Gobernador Pedro de los Ríos montó en cólera y prohibió que más hombres se unieran a la aventura, enviando a Juan Tafur para rescatar a los "secuestrados" por la ambición del trujillano. Fue en ese momento cuando se produce la acción extrema que definiría la vida de los trece caballeros de la isla.
La raya en la arena: El desafío de Francisco Pizarro
Frente a las naves de Juan Tafur, el trujillano no se dejó ganar por el miedo. Sabía que si regresaba a Panamá en ese momento, su carrera y su honor quedarían destruidos para siempre. Con un gesto que ha sido debatido por cronistas e historiadores, el capitán desenvainando su espada desafió a sus propios hombres.
"Camaradas y amigos", comenzó a decir, mientras el sol golpeaba implacable.
"Por este lado se va a Panamá a ser pobres, por este otro al Perú a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere".
Con estas palabras, el propio Pizarro cruzó su propia marca.
El silencio fue sepulcral. Juan Tafur intentó convencer a los hombres de que lo más sensato era volver, pero trece hombres dieron el paso al frente.
Estos valientes pasaron la raya y decidieron quedarse en una isla desierta, sin barcos y con suministros mínimos, antes que renunciar a la promesa de un imperio que conquistar.
¿Quiénes fueron los Trece de la Fama?
Aunque la historia a menudo solo recuerda al líder, los nombres de los trece de la fama han quedado grabados en las crónicas como sinónimo de lealtad extrema.
Entre ellos destacaba Pedro de Candía, un griego de fuerza hercúlea que sería fundamental por sus conocimientos de artillería en el futuro.
También se encontraba Juan de la Torre, quien años más tarde sería uno de los fundadores de ciudades en el nuevo territorio.
Lope de Aguirre y la rebelión en el Amazonas: La Cólera de Dios contra el Imperio españolOtros nombres que quedaron con pizarro fueron Nicolás de Ribera, el tesorero de la expedición, y Cristóbal de Peralta, quien a pesar de su debilidad física, no dudó en elegir el camino de la gloria.
El grupo lo completaban Antón de Carrión, Domingo de Soraluce, Francisco de Cuéllar, Alonso de Molina, Pedro García de Jarén, Alonso de Briceño, Martín de Paz y el soldado cuyo nombre de Gonzalo Martín de Trujillo también aparece en los registros oficiales. Estos fueron las personas que acompañaron a Francisco en su hora más oscura.
📜 Archivo Secreto: ¿Sabías que no todos los "Trece" eran soldados? Pedro de Candía era en realidad un experto artillero de origen griego (de la isla de Creta). Su presencia fue tan impactante para los nativos de Tumbes que, al verlo desembarcar con su armadura reluciente y un arcabuz que "escupía fuego", pensaron que era un hijo del sol o una deidad enviada por los dioses. Este "efecto psicológico" fue clave para que Pizarro pudiera verificar las riquezas del imperio sin ser atacado de inmediato.
La agonía en la Isla de la Gorgona
Después de que Juan Tafur se marchara con los arrepentidos, los trece de la fama se dieron cuenta de la magnitud de su decisión. La Isla del Gallo era demasiado vulnerable, por lo que decidieron trasladarse a la isla de la Gorgona, un lugar aún más inhóspito pero mejor protegido de posibles ataques.
Allí pasaron meses de pesadilla. La lluvia era constante y la falta de alimentos los obligaba a comer mariscos crudos y raíces. Sin embargo, la esperanza residía en el piloto Bartolomé Ruiz, quien había prometido regresar con el apoyo de Diego de Almagro y Hernando de Luque una vez que lograran calmar a las autoridades en el norte.
Finalmente, tras siete meses de espera agónica, una vela apareció en el horizonte. Era el refuerzo esperado. No traía un ejército, pero sí las provisiones y el barco necesarios para continuar la exploración hacia el sur.
El número de trece se mantuvo unido, listos para descubrir lo que el destino les tenía reservado en la bahía de Tumaco.

El descubrimiento de Tumbes y el viaje a España
Con el barco de Bartolomé Ruiz, la pequeña expedición llegó finalmente a Tumbes. Lo que vieron allí superó todas sus expectativas: palacios recubiertos de láminas de oro, una organización social compleja y noticias de un monarca poderoso que gobernaba desde las montañas.
El Perú no era un mito; era una realidad tangible.
Con estas pruebas irrefutables, y tras un breve paso por Tumaco, Pizarro comprendió que necesitaba el respaldo oficial de la Corona. En 1528, regresó a Panamá y, poco después, se embarcó hacia la península para entrevistarse con el emperador Carlos V.
Brujas de Zugarramurdi: El enigma del brujo y el juicio de 1610Sin embargo, fue la Reina Isabel de Portugal quien, en ausencia de su esposo, firmó la famosa Capitulación de Toledo en 1529.
Este documento legal no solo autorizaba la conquista, sino que otorgaba mercedes sin precedentes a los hombres que habían permanecido fieles en la isla.
Los Caballeros de la Espuela Dorada
La Capitulación de Toledo de 1529 fue el mayor triunfo político de los expedicionarios. Gracias a la acción extrema de Pizarro en la playa, la Corona reconoció a los trece caballeros de la isla con títulos de nobleza.
Aquellos que ya eran hidalgos recibieron el rango de caballeros de la espuela dorada.
A los que no gozaban de nobleza previa, se les otorgó la condición de hidalgos de solar conocido.
Este ascenso social era el máximo sueño de cualquier soldado de la época. Nombres como el de Juan de la Torre o Nicolás de Ribera pasaron de ser simples aventureros a formar parte de la élite colonial.
Este reconocimiento fue posible gracias a la relación publicada en Sevilla seis años más tarde por Francisco de Jerez, secretario de Pizarro, quien se encargó de difundir la gesta por toda Europa.
La narrativa de los trece hombres que desafiaron a un gobernador se convirtió en el motor de reclutamiento para la fase final de la conquista del Perú.
El legado según los cronistas
La historia de los trece de la fama ha sido transmitida con matices diferentes según quién la contara. El Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales embelleció el relato, dándole un tono épico y caballeresco que ha perdurado hasta nuestros días.
Por otro lado, Cieza de León, conocido por su rigor, recogió los testimonios directos de los supervivientes, asegurando que la raya en el suelo fue un acto de desesperación calculado para forzar la mano del destino.
Pedro I de Castilla :¿Cruel o Justiciero?Otros como Pascual de Andagoya o Antonio de Herrera y Tordesillas también aportaron detalles sobre la dureza del clima en la Gorgona.
Incluso autores como Antonio de la Calancha mencionan cómo la fe religiosa sostuvo a estos hombres durante su aislamiento. Lo cierto es que, independientemente de los adornos literarios, el gesto de trazar aquella línea cambió para siempre la configuración del mapa mundial y dio inicio a la caída de uno de los imperios más grandes de la historia.
El fin de la aventura y el inicio del Imperio
El 3 de agosto de 1528, cuando Pizarro regresó triunfante a Panamá, el escepticismo de los colonos se transformó en una fiebre por el oro.
El gobernador Pedro de los Ríos ya no pudo detener la marea de voluntarios que querían seguir los pasos de los trece personas que acompañaron al capitán en su desafío.
La historia de españa no volvió a ser la misma. Lo que comenzó como una pequeña compañía entre Pizarro y Almagro terminó convirtiéndose en el virreinato más rico de América.
Los trece caballeros de la isla ocuparon puestos de poder, aunque muchos de ellos perecerían años después en las sangrientas guerras civiles que enfrentaron a los conquistadores.
Hoy, la Isla del Gallo permanece como un lugar de peregrinación para quienes buscan los rastros de esa voluntad inquebrantable.
El papel fundamental del Piloto Bartolomé Ruiz
No se puede hablar de los trece de la fama sin mencionar al piloto Bartolomé Ruiz. Fue él quien, navegando hacia el sur, capturó una balsa de comerciantes tumbesinos cargada de tejidos finos, cerámica y objetos de metal precioso. Este encuentro fue la primera prueba real de la existencia del Imperio Inca.
Ruiz fue el encargado de llevar a los trece de la fama desde la Isla de la Gorgona hasta las costas de lo que hoy es Ecuador y Perú. Su habilidad náutica permitió que el grupo sobreviviera a las corrientes contrarias y descubriera puertos estratégicos que serían vitales en los años siguientes.
En la Capitulación de Toledo, Ruiz también recibió su recompensa, siendo nombrado Piloto Mayor de la Mar del Sur.
¿Cuál es el Significado de Nudo Gordiano?Descubre la Leyenda.Su lealtad a la empresa de Pizarro y los trece fue el pegamento técnico que evitó que el proyecto naufragara ante la falta de suministros y el aislamiento político en el que se encontraban.
La controversia del número: ¿Fueron realmente trece?
A lo largo de los siglos, algunos historiadores han cuestionado si el número de trece fue exacto o una construcción posterior para darle un aire bíblico a la gesta (emulando a Cristo y sus apóstoles). El historiador José Antonio del Busto dedicó gran parte de su vida a investigar los archivos para confirmar la identidad de cada uno.
Según los registros del Catálogo de Pasajeros a Indias, el número parece coincidir con los nombres que más tarde figurarían en las mercedes reales.
Sin embargo, algunos documentos sugieren que hubo otros hombres que, aunque no figuraron en la lista oficial de la capitulación, también quedaron en la isla durante periodos cortos.
Lo que es indiscutible es que el grupo que suscrito por diez o más testigos en las probanzas de méritos posteriores, formó un núcleo de lealtad que permitió a Francisco Pizarro negociar desde una posición de fuerza ante la Reina Isabel de Portugal.
Aquellos hombres no solo buscaban oro, buscaban el reconocimiento de su linaje.
De la pobreza en Panamá a la riqueza en el Perú
El contraste entre el destino que ofrecía Juan Tafur (la seguridad pero la pobreza) y el que ofrecía Pizarro (el peligro pero la gloria) es el corazón de esta historia. Para hombres como Diego de Trujillo o Martín de Paz, la opción de volver a ser simples peones en las plantaciones de Centroamérica no era atractiva.
La frase "va a panamá a ser" pobre se convirtió en un mantra de resistencia. Al elegir quedarse, estos soldados apostaron todo su capital humano en una empresa que parecía condenada al fracaso.
El éxito final validó su audacia y los convirtió en leyendas vivientes antes de que terminara el siglo XVI.
Incluso en la relación publicada en sevilla seis años más tarde, se destaca cómo la acción extrema de pizarro fue lo que convenció a la Corona de que el proyecto tenía viabilidad real.
La Leyenda de la Papisa JuanaSin esa demostración de compromiso, es muy probable que el permiso para la conquista nunca se hubiera firmado.
La línea que dividió el tiempo
En última instancia, los trece de la fama representan la esencia de la época de los descubrimientos: una mezcla de ambición desmedida, valor suicida y una fe inquebrantable en el propio destino. La isla del gallo no fue solo un lugar geográfico, sino un estado mental donde se decidió el futuro de millones de personas.
Cuando hoy miramos hacia atrás, hacia aquel lejano 1527, vemos mucho más que una raya en el suelo. Vemos el momento exacto en que un puñado de hombres decidió que el mundo era demasiado pequeño para sus sueños. Y, al hacerlo, grabaron sus nombres para siempre en el archivo secreto de la humanidad.
Preguntas Frecuentes sobre los Trece de la Fama
¿Quiénes fueron exactamente los Trece de la Fama?
Fueron un grupo de soldados y exploradores que, en 1527, decidieron quedarse con Francisco Pizarro en la Isla del Gallo para continuar la búsqueda del imperio inca, desafiando las órdenes del Gobernador Pedro de los Ríos. Sus nombres, como Pedro de Candía y Juan de la Torre, son fundamentales en la historia colonial.
¿Cuál fue la frase exacta de Pizarro al trazar la línea?
Según los cronistas e historiadores, la frase más aceptada es: "Por este lado se va a Panamá a ser pobres, por este otro al Perú a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere". Con este desafío, el líder instó a sus hombres a elegir entre la seguridad y la gloria.
¿Qué recompensas recibieron por su lealtad?
A través de la Capitulación de Toledo de 1529, firmada por la Isabel de Portugal en Toledo, los trece recibieron títulos de hidalguía. Aquellos que ya eran nobles fueron nombrados caballeros de la espuela dorada, lo que les otorgaba un estatus social y económico inmenso en el nuevo territorio conquistado.
¿Qué papel jugó el Piloto Bartolomé Ruiz?
El piloto Bartolomé Ruiz fue el experto navegante que proporcionó las pruebas iniciales de la riqueza del sur. Tras el incidente de la línea, fue el encargado de llevar los suministros y finalmente conducir a los expedicionarios hacia el descubrimiento de Tumbes, validando la apuesta de los trece.
¿Por qué se mudaron de la Isla del Gallo a la Gorgona?
Se trasladaron a la isla de la Gorgona porque ofrecía una mejor protección contra posibles ataques de nativos o intentos de rescate no deseados por parte de las autoridades españolas en Panamá. Además, contaba con mejores fuentes de agua dulce, aunque el clima era extremadamente hostil.
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