Operación Félix: el plan secreto de Hitler para tomar Gibraltar con la ayuda de Franco — el día que España pudo recuperar el Peñón
El 12 de noviembre de 1940, Adolf Hitler firmó la Directiva n.º 18 ordenando los preparativos para arrebatarle Gibraltar a los británicos. Esa fue la semana en que España estuvo más cerca de cambiar el curso de la guerra mundial —y de recuperar el Peñón que perdió en 1713.
Lo que muy pocos saben es que el plan no fracasó por falta de potencia militar alemana. Fracasó por un cóctel explosivo de exigencias imposibles, hambre, espionaje de alto nivel y, quizás, la traición silenciosa de uno de los hombres más poderosos del Tercer Reich.
Esta es la historia de la Operación Félix.

El Mediterráneo como tablero de ajedrez
En el mapa de la Segunda Guerra Mundial, pocos enclaves tenían el valor estratégico de Gibraltar. Apenas 6,7 km² de roca caliza en el extremo sur de la península ibérica, pero su posición estratégica era absolutamente determinante: quien controlara el Peñón de Gibraltar controlaba el paso entre el Atlántico y el Mediterráneo.
Los británicos lo sabían perfectamente. Desde el Tratado de Utrecht de 1713, habían convertido ese pequeño trozo de piedra en una fortaleza impenetrable. Para 1940, la transformación era radical: los jardines, el hipódromo y los campos de cricket habían desaparecido.
En su lugar se había construido un aeródromo. Bajo la roca, kilómetros de nuevos túneles subterráneos convertían la caliza en una ciudad entera: centrales telefónicas, cuarteles, almacenes y hospitales equipados listos para resistir un asedio prolongado.
Expulsar a los británicos de aquel enclave era, estratégicamente, una necesidad para la Alemania nazi.
La caída de Francia y el viraje estratégico alemán
El verano de 1940 fue el momento cumbre del poder nazi en Europa occidental. El estruendo de las tropas alemanas retumbaba todavía en las calles de París cuando los estrategas del OKW empezaron a debatir cuál sería el siguiente movimiento.
El general Alfred Jodl, jefe del OKW, fue uno de los primeros en articular la gran visión mediterránea: tomar Gibraltar, cruzar al Norte de África, avanzar hacia el Canal de Suez y aislar definitivamente a las islas británicas sin necesidad de una costosa invasión directa.
Invadir Gran Bretaña por mar y aire —la Operación León Marino— se antojaba demasiado arriesgada tras los reveses de la Batalla de Inglaterra.
César Augusto: el primer emperador de Roma, el hombre que gobernó sin coronaFiguras como Göring y Guderian también defendieron este viraje mediterráneo. La lógica era impecable: si cerrar el Mediterráneo a la Royal Navy era posible, el Imperio Británico quedaría estratégicamente estrangulado.
Esa idea, refinada y ejecutada sobre el mapa, tomaría el nombre clave de Operación Félix.
El plan: la Directiva n.º 18 y los preparativos de la Wehrmacht
El documento que puso en marcha la maquinaria fue la Directiva n.º 18, firmada por Hitler el 12 de noviembre de 1940. Su texto era categórico: establecer las medidas políticas necesarias para inducir la pronta entrada en la guerra de España del lado del Eje y, como objetivo operativo, expulsar a los británicos del Mediterráneo Occidental.
El plan partía de una premisa diplomática: sin el permiso de Franco para cruzar territorio español, el ejército nazi no podía llegar hasta el Peñón.
Por eso la diplomacia y los preparativos militares avanzaron en paralelo durante los meses siguientes.
La operación se dividía en fases. Primero, el cruce de las tropas alemanas por toda la península.
Después, el asalto coordinado. Y finalmente, la consolidación de la posición alemana en la Península Ibérica para garantizar los flancos de las operaciones en el Norte de África.

El orden de batalla: dos cuerpos alemanes para cruzar España
El plan operativo que diseñó la Wehrmacht para el objetivo de tomar Gibraltar era de una precisión brutal. La fuerza de asalto se organizaba en dos cuerpos bien diferenciados.
El primero, al mando del general Ludwig Kübler —el general Ludwig de la historia de esta operación—, sería la punta de lanza directa contra el Peñón. Incluiría el mítico Regimiento Grossdeutschland, el 98.º Regimiento de la 1.ª División de Montaña, 26 batallones de artillería con sus piezas de artillería de gran calibre, 3 batallones de ingenieros y 2 batallones de humos.
El detalle más inquietante del arsenal era la presencia de 150 pequeños vehículos de demolición Goliath, operados por control remoto, pensados para destruir defensas a distancia.
María Pita: la heroína que frenó a Drake en CoruñaEl segundo cuerpo, al mando del general Schmidt, aseguraría los flancos internos: una división de infantería motorizada en Valladolid, una división Panzer en Cáceres y la 3.ª división Waffen-SS en Sevilla.
El comandante en jefe del conjunto sería el mariscal de campo Walther von Reichenau — el campo Walther von Reichenau que ya se había cubierto de gloria en Polonia y Francia.
Adicionalmente, se preveía la colaboración de dos regimientos de infantería españoles y una unidad del general Agustín Muñoz Grandes para tareas de apoyo y enlace con las tropas españolas.
El reconocimiento secreto de Canaris en España
Antes de que un solo soldado alemán pusiera el pie en suelo español, la inteligencia del Reich necesitaba datos precisos sobre las defensas del Peñón. El hombre enviado para esa misión fue el almirante Wilhelm Canaris, jefe del Abwehr —la inteligencia militar alemana.
Canaris recorrió el sur de España con una cobertura discreta. Junto a sus acompañantes, entre ellos el capitán de la Luftwaffe Rudolf Witzig, observó detenidamente el Peñón desde La Línea de la Concepción —la cara norte— y desde el faro de Punta Carnero en la cara oeste.
Las conclusiones del reconocimiento fueron demoledoras para los planificadores del Reich: los precipicios verticales, las corrientes de aire absolutamente irregulares y la superficie extremadamente limitada de la cima hacían imposible cualquier operación de paracaidistas sobre el Peñón.
El batallón de élite que Witzig comandaba —el mismo que había tomado el fuerte de Eben-Emael en Bélgica— no serviría aquí.
El Peñón solo podía caer por asalto terrestre directo. Y eso requería la cooperación total de Franco.

La reunión de Hendaya y las exigencias de Franco
El 23 de octubre de 1940 tuvo lugar uno de los episodios más singulares de la diplomacia de la Segunda Guerra Mundial. En la pequeña localidad fronteriza de Hendaya, en el País Vasco francés, Franco y Hitler se encontraron cara a cara por primera y única vez.
La entrevista en Hendaya duró más de nueve horas. Hitler se reunió con Franco convencido de que el Generalísimo cedería ante el peso aplastante del momento: toda Europa continental estaba bajo el control o la influencia del Eje, y el Führer estaba en la cúspide de su poder.
La Unión Ibérica: El día que España y Portugal gobernaron el mundoLo que encontró fue algo muy diferente. Franco, curtido en la dureza de una guerra civil devastadora y consciente del estado de postración económica de España, fue evasivo, dilatorio y extraordinariamente hábil en las formas sin ceder en el fondo.
Hitler, que rara vez encontraba resistencia en sus interlocutores, quedó visiblemente frustrado.
Según el testimonio del intérprete Paul Schmidt, el Führer llegó a comparar la negociación con el suplicio de sacarse una muela. La metáfora dental se haría famosa en los libros de historia.
📜 Archivo Secreto: El tren de Franco llegó casi una hora tarde a Hendaya; se debatió durante décadas si fue un retraso deliberado o un fallo logístico. Lo que sí es seguro es que el vagón de Hitler y el de Franco se unieron brevemente en la estación, y varios testimonios describen la escena como glacialmente tensa desde el primer apretón de manos. El propio Mussolini, al enterarse del resultado de la reunión, afirmó que prefería que le arrancaran cuatro muelas antes que volver a reunirse con los españoles para negociar.
El precio de la neutralidad: las condiciones de Franco
Las exigencias económicas y territoriales que Franco puso sobre la mesa en Hendaya eran, deliberadamente o no, imposibles de satisfacer.
La lista era descomunal: 400.000 toneladas de gasolina, 700.000 toneladas de trigo, 200.000 toneladas de carbón, 100.000 de diésel y 200.000 de otros materiales. En términos de suministro, era prácticamente todo el excedente logístico alemán en ese momento de la guerra.
Y eso era solo la parte económica.
En el plano territorial, Franco exigía nada menos que la devolución de Gibraltar, una parte de la Argelia francesa, el Marruecos francés completo y Camerún.
Estas reclamaciones sobre las posesiones españolas en el norte de África y más allá eran absolutamente incompatibles con los acuerdos que Alemania mantenía con la Francia de Vichy, a quien precisamente le prometía conservar sus colonias a cambio de colaboración.
El callejón sin salida era casi perfecto.
Las Armas Más Raras Y Curiosas de la Segunda Guerra Mundial
El papel de Serrano Suñer y las tensiones internas del régimen
La negociación española con Berlín no fue monolítica. Dentro del régimen de Franco existían facciones con posiciones muy distintas sobre qué hacer con la presión alemana.
Suñer —Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y ministro de Asuntos Exteriores, el hombre que gestionaba las relaciones con Berlín desde su posición de ministro de Asuntos Exteriores— era el más decididamente germanófilo del entorno del Generalísimo.
En más de una ocasión se extralimitó en sus interpretaciones de las instrucciones de Franco, generando confusión y tensión en Berlín sobre cuál era realmente la posición española.
Frente a Suñer y los más favorables al Eje, otros militares y tecnócratas del régimen veían con enorme preocupación la perspectiva de España en la guerra.
Conocían la devastación económica del país tras la derrota republicana, la dependencia vital de los envíos de trigo aliados y la imposibilidad real de sostener un nuevo esfuerzo bélico.
Para ellos, la neutralidad no era una traición ideológica: era la única opción viable de supervivencia nacional.
Canaris: el espía que (quizás) salvó a España de la guerra
La figura del almirante Wilhelm Canaris es uno de los grandes misterios de la Segunda Guerra Mundial. Jefe del Abwehr, la inteligencia militar del Reich, era en teoría uno de los hombres más leales al sistema que le había dado poder y prestigio.
La realidad era radicalmente más compleja.
Canaris había establecido, de forma absolutamente clandestina, una línea de comunicación directa con Stewart Menzies, jefe del MI6 británico.
A través de ese canal secreto, el almirante alemán transmitía información sobre los planes del Führer con una regularidad que, de haber sido descubierta, le habría costado la vida.
La Batalla de Inglaterra: cómo Churchill y la RAF detuvieron a HitlerSu papel dentro de la Operación Félix fue, según varios historiadores, decisivo para sabotear el éxito de la misma. La escasa colaboración que prestó, los informes técnicos pesimistas que elaboró y las conversaciones que mantuvo con Franco no fueron accidentales.

La reunión de Canaris con Franco en diciembre de 1940
El 7 de diciembre de 1940 tuvo lugar el encuentro más crítico de todo el proceso. Canaris se reunió en Madrid con Franco para transmitirle la petición directa de Hitler: que el 10 de enero de 1941 permitiera el paso de las tropas alemanas a través de España hacia Gibraltar.
La respuesta de Franco fue una mezcla calculada de realismo y dilación.
El Generalísimo argumentó que no podía cumplir el plazo dado el estado de postración alimentaria de España y la dependencia crítica de los envíos de trigo aliados; si entraba en la guerra, esos envíos se cortarían y el hambre, ya grave, se volvería catastrófica.
Añadió un argumento estratégico que Canaris escuchó sin contradecir: la captura del Peñón de Gibraltar podría desencadenar represalias británicas sobre las Islas Canarias, cuya defensa España no estaba en condiciones de garantizar.
Canaris regresó a Madrid —y luego a Berlín— con un mensaje claro: España no estaba lista. Tampoco hizo nada para convencer a Franco de lo contrario.
👁️ El Dato Insólito: Canaris fue ejecutado por los nazis el 9 de abril de 1945, apenas un mes antes del fin de la guerra en Europa, acusado de alta traición tras el atentado del 20 de julio de 1944 contra Hitler. Cuando los verdugos de la SS lo llevaron al patíbulo en el campo de concentración de Flossenbürg, lo obligaron a desnudarse antes de ser ahorcado con un piano wire —un garrote de alambre— para que la agonía fuera más lenta. El hombre que quizás salvó a España de entrar en la guerra murió de la forma más cruel posible, con la certeza de que el régimen al que había servido —y traicionado— estaba a punto de desmoronarse.
La contraofensiva británica: sobornos y espionaje
Mientras los alemanes desplegaban su diplomacia de presión sobre Madrid, los británicos trabajaban en la sombra con una táctica radicalmente diferente.
Winston Churchill comprendió desde el primer momento que perder la cooperación española sería catastrófico. La solución que diseñó el MI6 no pasaba por amenazas militares ni presión diplomática abierta: pasaba por el dinero y la inteligencia humana.
El embajador Samuel Hoare fue destinado a Madrid con una misión muy concreta: mantener a España fuera de la guerra. Hoare identificó rápidamente los dos puntos de máxima vulnerabilidad del régimen de Franco: el hambre de la población y la corrupción de sus mandos militares.
Hedy Lamarr: De deslumbrante estrella de Hollywood a inventora del wifi, el genio oculto tras el glamourEntre los agentes que operaron en la capital española durante aquellos años estuvo un joven oficial de inteligencia naval llamado Ian Fleming, destinado a coordinar algunas de las operaciones de contrainteligencia en la península ibérica.
Décadas después, Fleming se haría inmortal como el creador de James Bond. La guerra de sombras de Madrid, Lisboa y Tánger le daría material para toda una vida.

Los sobornos a generales de Franco desclasificados
En mayo de 2012, el MI6 desclasificó documentos que confirmaron lo que muchos historiadores sospechaban: varios generales del ejército de Franco habían recibido dinero de los servicios de inteligencia aliados a cambio de influir en la posición española hacia la neutralidad.
El arquitecto operativo de esta red de pagos fue el capitán de la Royal Navy Alan Hillgarth, agregado naval en la embajada de Madrid y hombre de confianza directa de Churchill. A través de cuentas en Suiza, cantidades considerables de libras esterlinas llegaron a las cuentas de mandos militares clave del régimen.
Los documentos desclasificados no revelan todos los nombres, pero sí la escala y la sofisticación del operativo. La entrada de España en la contienda era, desde la perspectiva de Londres, una amenaza existencial.
El precio de evitarla, en comparación con lo que supondría una España en la guerra, era irrisorio.

El fracaso definitivo y la cancelación de la operación
Enero de 1941 fue el mes del último intento serio. El 20 de enero de 1941, el embajador alemán en Madrid, Von Stohrer, se presentó ante Franco con un mensaje sin ambigüedades: su gobierno le conminaba a que en un plazo máximo de veinticuatro horas comunicara su decisión de entrar en la guerra del lado de las potencias del Eje.
Franco rechazó el ultimátum.
La respuesta fue, una vez más, una combinación de argumentos económicos, militares y de soberanía. La posición española no había cambiado.
El tiempo que pedía para prepararse se extendía indefinidamente. Y detrás, invisible para los alemanes pero cada vez más eficaz, trabajaban las redes del MI6 y la realidad aplastante de un país que no podía permitirse otra guerra.

El detonante italiano: la derrota en el norte de África
El fracaso diplomático de Alemania con España coincidió con malas noticias en otro frente. Las fuerzas italianas sufrieron una derrota demoledora en Marsa Matruk, en el Norte de África, que puso fin al intento de invasión de Egipto y evidenció la debilidad militar de Roma.
Sumada a las gravísimas pérdidas de la Marina italiana en la batalla de Tarento, la situación mediterránea se complicaba enormemente.
El escenario estratégico en el que la Operación Félix tenía sentido —un Mediterráneo en vías de ser dominado por las potencias del Eje con relativa facilidad— empezaba a desmoronarse.
Hitler necesitaba replantear prioridades.
De Félix a Barbarroja: el pivote al Este
A medida que avanzaba el invierno de 1940-1941, la atención de Hitler comenzó a desplazarse irremediablemente hacia el este. La planificación de la Operación Barbarroja —la invasión de la Unión Soviética— absorbía cada vez más recursos, atención y divisiones de élite que en otro escenario podrían haber marchado hacia Gibraltar.
La Operación Félix fue formalmente suspendida, aunque no enterrada del todo. Se elaboraron variantes posteriores: Félix-Heinrich, que contemplaba una operación combinada en el caso de que Portugal y España optaran por posiciones proaliadas, e Isabella, un plan defensivo para prevenir un desembarco aliado en la Península Ibérica.
Ninguna se ejecutó. El Führer miraba ya hacia las estepas rusas.
En febrero de 1941, la Wehrmacht comenzaba a trasladar las divisiones que habían sido asignadas dentro de España a los preparativos de Barbarroja. La ventana estratégica del Mediterráneo occidental se cerraba definitivamente.

¿Qué habría pasado si la Operación Félix se ejecuta?
Esta es la pregunta que convierte la Operación Félix en uno de los "puntos de bifurcación" más fascinantes del curso de la guerra.
Si Gibraltar hubiera caído a finales de 1940 o enero de 1941, las consecuencias habrían sido de largo alcance.
Para España, el precio habría sido enorme. Entrar en la guerra como España en la guerra significaba depender totalmente del aprovisionamiento del Eje —que ya tenía sus propias dificultades logísticas— y exponerse a ataques de la Royal Navy sobre las Islas Canarias, las Baleares y las ciudades costeras peninsulares.
El hambre de posguerra, ya gravísimo, podría haber derivado en una catástrofe humanitaria de dimensiones inimaginables.
Para el Mediterráneo, el cierre del estrecho habría obligado a toda la navegación aliada a circunnavegar África por el cabo de Buena Esperanza, multiplicando por cuatro los tiempos de tránsito hacia el Oriente Medio y la India.
Pero el argumento más definitivo lo ofrece un dato concreto: la Operación Torch —el desembarco aliado en el norte de África de noviembre de 1942 que inició la derrota definitiva del ejército del Eje en África— se lanzó desde Gibraltar.
Sin el Peñón, esa operación habría sido logísticamente imposible o radicalmente distinta. La plaza de Gibraltar era el corazón del dispositivo naval y aéreo que hizo posible que Winston Churchill y Roosevelt pudieran abrir ese segundo frente.
Sin Gibraltar aliado, no hay Torch. Sin Torch, el norte de África resiste mucho más tiempo. Y sin la victoria en el norte de África, el desembarco en Sicilia y en Italia —el "vientre blando de Europa" — se retrasa o se vuelve imposible.
Los libros de historia podrían haber sido muy, muy diferentes.

Legado e historiografía de la Operación Félix
El debate historiográfico en torno a la Operación Félix no está cerrado. La gran pregunta que divide a los estudiosos es también la más incómoda: ¿fue Franco un estadista visionario que protegió a España de una guerra que no podía ganar, o fue un aliado ideológico del Eje que simplemente esperó el momento oportuno que nunca llegó?
Paul Preston, el biógrafo más exhaustivo de Franco, defiende una lectura matizada pero crítica: Franco era un fascista convencido que admiraba a Hitler y Mussolini, pero que antepuso la supervivencia de su propio régimen a la lealtad ideológica cuando las circunstancias económicas y militares hacían la entrada en la guerra demasiado arriesgada.
Stanley Payne, historiador norteamericano especialista en el franquismo, ofrece una interpretación algo más benévola: Franco fue ante todo un superviviente político que leyó mejor que nadie la correlación de fuerzas y apostó, con éxito, por la neutralidad como única salida viable.
Enrique Moradiellos, referente de la historiografía española sobre este período, subraya la importancia del contexto: la España de 1940 era un país en ruinas, con millones de personas al borde del hambre y un ejército absolutamente incapaz de sostener operaciones en múltiples frentes.
En ese contexto, la neutralidad no era heroísmo ni traición: era la única opción racionalmente posible.
Lo que los documentos desclasificados del MI6 en 2012 añaden a este debate es una dimensión incómoda: la neutralidad española no fue solo el resultado de la habilidad diplomática de Franco o de la obstinación de sus condiciones.
Fue también, al menos en parte, el resultado de dinero británico llegando a las cuentas de mandos militares del régimen.
La Operación Félix fue la operación alemana pensada para expulsar a los británicos del Mediterráneo occidental que nunca llegó a disparar un solo tiro. Y en esa no-ejecución se jugó, sin que nadie lo supiera entonces con plena certeza, el curso de la guerra —y quizás la Segunda Guerra Mundial en torno a la cual se construyó el mundo que hoy habitamos.
El día que España pudo recuperar el Peñón fue también el día en que, sin saberlo del todo, España pudo haber acelerado su propia ruina.
Bibliografía
- Preston, Paul (2011) — El holocausto español — Debate.
- Preston, Paul (1994) — Franco: A Biography — HarperCollins.
- Payne, Stanley G. (2008) — Franco and Hitler: Spain, Germany, and World War II — Yale University Press.
- Moradiellos, Enrique (2000) — La España de Franco (1939-1975): Política y sociedad — Síntesis.
- Thomas, Hugh (1977) — La Guerra Civil Española — Grijalbo.
- Höhne, Heinz (1979) — Canaris: Patriot im Zwielicht — Bertelsmann.
- Goda, Norman J. W. (1998) — Tomorrow the World: Hitler, Northwest Africa, and the Path toward America — Texas A&M University Press.
- Hoare, Samuel (1946) — Ambassador on Special Mission — Collins.
- Smyth, Denis (1986) — Diplomacy and Strategy of Survival: British Policy and Franco's Spain, 1940–41 — Cambridge University Press.
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