¿Por qué fue quemada Juana de Arco?

Juana de Arco, también conocida como  Doncella de Orleans, la campesina que se convirtió en la salvadora de Francia, es quemada a los 19 años en la hoguera por herejía y brujería el 30 de mayo de 1431 en Rouen, en la Normandía controlada por los ingleses.

A pesar de su corta vida, dejó una marca indeleble en la historia. Ha sido admirada por su valor, su fe y su capacidad de liderazgo, y se la recuerda como un poderoso símbolo de la lucha francesa contra la dominación inglesa, pero realmente ¿por qué fue quemada Juana de Arco?. Te lo contamos a continuación...

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Índice
  1. Biografía: resumen de la vida de Juana de Arco
  2. Juana de Arco cambia el curso de la Guerra de los Cien Años
  3. Las campañas exitosas
    1. Campañas militares: de Orleans a Paris
  4. El proceso por herejía y la muerte de Juana de Arco en la hoguera
  5. Popularidad y santificación
  6. Resumen

Biografía: resumen de la vida de Juana de Arco

Juana de Arco, joven campesina que pasaría con el tiempo a ser conocida como la Doncella de Orleans, nació en la zona Este de Francia, concretamente en Domrémy, una pequeña villa

del ducado de Bar fiel a la corona francesa, pese a estar rodeado de partidarios de los borgoñones.

Tuvo tres hermanos y una hermana. Su padre, Jacques d'Arc, era granjero y también recaudaba los impuestos locales.

Su madre, Isabelle Romée, muy devota, le dio una educación religiosa desde muy pequeña y le enseñó el oficio de hilandera.

Juana nunca aprendió a leer ni escribir; de manera que se cree que las escasas cartas que se han encontrado firmadas por ella fueron redactadas por otra persona.

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Juana capturada por los borgoñones en Compiègne. Mural del Panteón de París, por Jules Eugène Lenepveu

Juana tuvo su primera visión mística a los 13 años. Se encontraba en el jardín de su padre cuando aparecieron ante ella, en medio de una gran claridad, tres figuras “muy hermosas”: las de Santa Margarita, Santa Catalina de Alejandría y el Arcángel Miguel.

Le dijeron que debía expulsar a los ingleses de Francia y acompañar al delfín hasta Reims (ya que, por tradición, la consagración de ese acto era prerrogativa del arzobispo de Reims, ciudad que estaba en manos de los borgoñones.) para que fuera coronado.

El rey Enrique V había muerto en 1422, dos meses antes de que lo hiciera Carlos el Loco, y el país se encontraba regido por su hermano, Juan de Lancaster, duque de Bedford, dado que el futuro Enrique VI era todavía un niño.

Para los ingleses, Enrique VI era el legítimo heredero tanto de Inglaterra como de Francia, puesto que en 1420 Carlos el Loco había firmado el Tratado de Troyes, un acuerdo perjudicial para la corona francesa por el cual desheredaba a su hijo, Carlos VII, y nombraba a Enrique V de Inglaterra como su heredero legítimo, tras casarlo con su hija menor, Catalina, y convertirlo así

en su yerno.

Muchos de los grandes nobles franceses no aceptaron ese acuerdo ya que, para ellos, Carlos VI estaba loco.

Así que se agruparon en torno al delfín y sostuvieron su legitimidad como heredero. Por eso era tan importante que el rey de Francia fuera coronado oficialmente en Reims.

Juana creyó que Dios le había elegido para esta misión y decidió luchar contra los invasores.

En 1429, a los 17 años, se plantó en la corte de Carlos VII que se encontraba en Chinon, porque los ingleses se habían apoderado de París, y Juana llegó hasta allí con una escolta proporcionada por el comandante de la guarnición de Vaucouleurs, llamado Robert de Baudricourt, a quien Juana impresionó al predecir la derrota francesa en la batalla de Rouvray.

Juana de Arco cambia el curso de la Guerra de los Cien Años

Para comprender la historia de Juana de Arco es necesario que, primero, recordemos brevemente cuál era el contexto histórico en aquella época: La guerra de los Cien años.

Inglaterra y Francia llevaban casi un siglo enfrentándose en la conocida como guerra de los Cien Años, un conflicto que se originó por el control de los territorios que los monarcas ingleses habían acumulado en suelo francés desde mediados del siglo XII aprovechando las disputas internas de los franceses.

En el momento de nacer Juana de Arco, el rey francés era Carlos VI, quien sufría desórdenes mentales y era conocido con el sobrenombre de Carlos el Loco.

Durante su reinado, hubo disputas sobre la rengencia, entre dos grandes

nobles, rivales entre ellos: el duque de Orleans, Luis de Valois, que era hermano del rey, y el duque de Borgoña, Juan, apodado Juan Sin Miedo.

En 1407, por orden de Juan Sin Miedo, quince hombres le tendieron una emboscada a Luis

de Orleans en las calles de París y lo asesinaron.

El hijo de este, Carlos, lo sucedió como duque de Orleans y, cuando se casó en segundas nupcias con la hija del conde de Armagnac, ambas familias se unieron contra los borgoñones.

De modo que, cuando Juana nació, la corte francesa estaba dividida en dos grandes facciones: por un lado los borgoñones, que contaban con el apoyo del pueblo parisino, los gremios y los artesanos, y, por el otro lado, los Armagnac, que apoyaban a la familia real y defendían los privilegios de las clases dirigentes.

Carlos de Orleans, por supuesto, había jurado vengarse por el asesinato de su padre, un

crimen que Juan Sin Miedo, haciendo honor a su mote, había reconocido en público y

del cual incluso presumía, ya que tras la muerte de Luis de Orleans, él se había hecho

con las riendas del Gobierno.

Pero en 1413 los Armagnac lograron hacerse con el control de París y Juan Sin Miedo tuvo que abandonar la ciudad, que no pudo volver a pisar durante cinco años.

Y, ya se sabe el dicho, a río revuelto, ganancia de pescadores.

El rey de Inglaterra, Enrique V, aprovechó el clima de guerra civil en Francia para invadir el norte del país.

Como el rey francés estaba enfermo, y ninguno de los tres comandantes profesionales propuestos para dirigir la defensa del país eran nobles, los consejeros de Carlos VI cometieron el grave error de dejar el mando militar en manos de un triunvirato formado por el duque de Alençon, que era un pésimo estratega, Carlos de Orleans, que era muy joven e inexperto, y...

Juan Sin Miedo, el asesino del padre de Carlos de Orleans.

Desoyendo los consejos de los militares de carrera, en 1415 los nobles decidieron presentar batalla en Agincourt con un ejército inmenso y estático formado en su mayoría por campesinos reclutados a la fuerza.

Al final la batalla resultó un desastre total para los franceses, que, pese a ser mucho más numerosos que los invasores, perdieron más de 6.000 hombres frente a poco más de un centenar de bajas inglesas.

Además, el duque de Alençon murió degollado por un arquero inglés y Carlos de Orleans fue capturado y permaneció prisionero en Inglaterra durante los siguientes 25 años.

En 1418, los borgoñones, los partidarios de de Juan Sin Miedo, tomaron París y asesinaron al conde de Armagnac y a unos 2.500 de sus seguidores.

Uno de los hijos de Carlos VI, el futuro Carlos VII, heredó el título de delfín –es decir, el de heredero al trono francés– con solo catorce años, tras las sucesivas muertes de sus cuatro hermanos mayores.

Y en 1419, durante una reunión para consolidar una tregua en la guerra civil que dividía Francia, los partidarios de Armagnac asesinan a Juan Sin Miedo delante del delfín sin que este hiciera nada por evitarlo.

Aunque parece ser que que fue Carlos de Orleans, quien se las ingenió para orquestar desde su mazmorra la muerte del asesino de su padre. Sin embargo, el hijo de Juan Sin Miedo, Felipe III el Bueno, culpó al delfín del asesinato, juró vengar la muerte de su padre y... firmó una alianza

con los ingleses, con quienes conquistó, durante la siguiente década, casi la mitad del territorio francés.

Las campañas exitosas

El camino hasta Chinon era muy peligroso, ya que debían atravesar territorio borgoñón, y, a sugerencia de dos de los miembros de su escolta, por su seguridad Juana lo recorrió vestida de soldado.

Una vez llegó a su destino, Juana se reunió en privado con Carlos VII y solicitó que le permitieran viajar con el ejército hacia Orléans, una ciudad muy importante que se encontraba asediada por

los ingleses.

Carlos y sus consejeros dudaron. Por un lado, la teoría de Juana de que Dios estaba de parte del delfín podía dar un vuelco a la guerra al convertirla en lo que nunca había sido: un conflicto religioso entre cristianos.

Recordemos que por aquel entonces los ingleses todavía compartían con los franceses la fidelidad a la doctrina del Papa de Roma, ya que aún no existía la Iglesia anglicana (Gracias a Enrique VIII).

Así que tener a una joven iluminada por Dios afirmando que la causa de Carlos era la correcta podía ser un arma muy útil para reclutar apoyos.

Pero, por otro lado, si la gente interpretaba las visiones de Juana de Arco como señal de que era una bruja o una hereje, a Carlos le podía estallar en la cara el experimento, ya que sus rivales podrían acusarle de hacer tratos con el Diablo.

Sometida a un juicio de moral en Poitiers, y los teólogos recomendaron poner a prueba a Juana enviándola a Orleans para ver si obraba el milagro de liberar la ciudad, tal como prometía.

De modo que Carlos VII le proporcionó a Juana una armadura, un caballo, una espada y un estandarte y la mandó a la guerra con unos diez mil hombres.

Campañas militares: de Orleans a Paris

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Representación del sitio de Orleans en 1429 en Las vigilias de Carlos VII, por Marcial de Auvernia (siglo xv).

Cuando llegó a Orleans, que llevaba medio año sufriendo el asedio de los ingleses y los borgoñones, Juana estuvo presente en los consejos de guerra de los nobles que dirigían la contienda, así como en la mayoría de las batallas.

Sin embargo, los historiadores debaten mucho acerca del papel real que Juana de Arco jugó a la hora de tomar las decisiones tácticas.

Algunos nobles reconocieron que aceptaron sus consejos a la hora de trazar sus estrategias porque creían firmemente que Juana gozaba de la inspiración divina, pero otros rehusaron escuchar las indicaciones de una muchacha, por más que Dios, supuestamente, hablara con ella.

Juana de Arco se limitó a llevar su estandarte, que ejercía un gran efecto moral en las tropas francesas, pues lo rodeaba el aura de divinidad que había adquirido Juana de Arco gracias al apoyo de Carlos VII.

Los ingleses controlaban las diversas fortalezas que rodeaban la ciudad, pero los franceses, animados por la presencia de Juana y las tropas de refuerzo, lograron reconquistar algunas de ellas.

El 7 de mayo de 1429, las tropas de Carlos VII asaltaron la principal fortaleza inglesa, Les Tourelles.

Veinticuatro horas antes, Juana se había herido en el pie al pisar una púa de metal durante el ataque exitoso a una fortaleza inglesa construida en torno a un monasterio agustino.

Pese a ello, al día siguiente quiso estar presente también en el asalto a Les Tourelles.

Mientras se encontraba de pie en la trinchera, sosteniendo su estandarte en alto para que lo vieran bien los franceses, una flecha inglesa se clavó entre su cuello y su hombro izquierdo, hiriéndola de gravedad.

Sus acompañantes se la llevaron del campo de batalla, la moral francesa decayó al tiempo que aumentó la de los ingleses, al creer que la joven había muerto, y el asalto se detuvo.

Pero Juana regresó por la noche junto a los soldados y, al día siguiente, los guio con su estandarte en un asalto final que consiguió capturar la fortaleza lo que hizo que los ingleses se retiraron definitivamente de Orleans al día siguiente.

Aquella victoria le valió a Juana ser conocida como la Doncella de Orleans y disparó su credibilidad como enviada de Dios entre los franceses.

Los ingleses, en cambio, vieron aquella derrota como una señal de que Juana estaba poseída por el Diablo.

Los franceses pasaron a la ofensiva y comenzaron a reconquistar puentes y villas de camino a Reims, con el objetivo de tomar la ciudad para que Carlos VII fuera coronado en su catedral.

Juana acompañó al ejército, comandado por el duque Juan II de Alençon, quien tenía en gran estima a Juana y escuchaba sus consejos, ya que, según él, le había salvado la vida en una ocasión al avisarle de que un cañón estaba a punto de disparar contra él desde una muralla.

Cuando los ingleses se retiraron del valle del Loira, Juana animó al duque a salir en su persecución, y ambos ejércitos se enfrentaron en la batalla de Patay, que supuso una victoria aplastante para el bando francés.

El 16 de julio, apenas dos meses después de la liberación de Orleans, los borgoñones rindieron Reims, y Carlos VII pudo finalmente ser coronado, cumpliendo finalmente su cometido.

El 8 de septiembre, durante el asalto francés a la ciudad de París, Juana resultó herida en la pierna por un proyectil de ballesta, y permaneció en una trinchera bajo los muros de París hasta que, al caer la noche, pudo ser rescatada.

A la mañana siguiente se canceló el asalto a la ciudad y poco después Carlos VII disolvió el ejército.

En octubre, Juana participó en más combates, siempre enarbolando su estandarte en los asaltos, y, a finales de año, cuando regresó a la corte, Carlos VII la recompensó ennobleciéndola a ella y a su familia.

En mayo del año siguiente, 1430, Juana marchó de nuevo a la guerra, concretamente a la ciudad de Compiègne, para liberarla de un asedio de los ingleses y los borgoñones, igual que había hecho con Orleans el año anterior.

Por desgracia para ella, cayó en una emboscada y fue capturada por los borgoñones, que la

recluyeron en una torre del castillo de Beaurevoir.

Intentó escapar saltando por una ventana, cayó en el fondo de un foso seco, que era de tierra blanda, pero no logró huir y la trasladaron a Arrás.

Finalmente los ingleses se la compraron a los borgoñones por 10.000 libras y se la llevaron a la ciudad de Ruán, sede del gobierno de ocupación inglés.

Carlos VII intentó rescatarla varias veces lanzando ataques militares contra la ciudad, pero todos fracasaron.

El proceso por herejía y la muerte de Juana de Arco en la hoguera

Juana de Arco fue sometida en Ruán a un juicio por herejía que comenzó el 9 de enero de 1431 y duró 3 meses.

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Pintura de Stillke de Juana de Arco en la hoguera

El tribunal estaba formado únicamente por clérigos partidarios de los ingleses y los borgoñones, y lo supervisaban comandantes ingleses. Juana no tuvo ningún tipo de asistencia.

En realidad, no había pruebas de herejía que justificaran la apertura de aquel juicio, pero los ingleses estaban decididos a acabar con la vida de Juana.

Pese a ser una campesina analfabeta, demostró durante el juicio una gran inteligencia y habilidad para esquivar las trampas teológicas que le tendían los miembros del tribunal.

Era común en aquel tipo de juicios hacer que los herejes abjuraran, es decir, que se retractaran de los errores cometidos y juraran no volver a ellos y profesar la doctrina católica.

A Juana de Arco la obligaron a firmar, bajo pena de ejecución inmediata, un documento de abjuración que no pudo comprender dado que no sabía leer.

Para poder castigar el delito de herejía con pena de muerte, el culpable debía realizar la ofensa más de una vez.

Así que, como el tribunal quería acabar con Juana, la acusaron del delito de vestirse con ropas masculinas y de escuchar voces divinas

Juana ya se había vestido como hombre en anteriores ocasiones y en la prisión en la que estaba recluida también utilizaba ropa de soldado para protegerse de posibles agresiones sexuales, dado que ese tipo de prendas masculinas se abrochaban de tal modo que eran mucho más difíciles de arrancar que un vestido.

Por la abjuración que había firmado, Juana se comprometía a no volver a vestirse de hombre nunca más.

Sin embargo, no quiso desprenderse de sus ropas de soldado en la cárcel ya sea para evitar los abusos sexuales; ya porque los guardias le habían quitado su vestido y no tenía otra cosa que ponerse.

En cualquier caso, el tribunal se aferró a esa herejía reiterada y la condenaron a morir en la hoguera.

El 30 de mayo de 1431, Juana de Arco, a sus 19 años, fue atada a un pilar en la plaza Vieux-Marché de Ruán y pidió a dos clérigos que sostuvieran un crucifijo ante ella.

Se encendió la hoguera a las 11 en punto.

Tras quemarla, los ingleses apartaron las brasas para exponer su cuerpo carbonizado y que a ninguno de los espectadores le quedara duda de que había muerto.

Luego, para que nadie guardara alguna parte de su cuerpo como reliquia, volvieron a quemar sus restos dos veces más hasta que quedó completamente reducido a cenizas y arrojaron estas al río Sena.

Popularidad y santificación

El 7 de julio de 1456 fue declarada inocente por el Papa Calixto III, que rehabilitó su nombre. Este acontecimiento fue celebrado en todo el reino y Juana de Arco se convirtió en una heroína nacional francesa.

En 1909 fue beatificada por el Papa Pío X, y en mayo de 1920 fue canonizada por el papa Benedicto XV.

Resumen

Juana de Arco es una de las figuras más inspiradoras de la historia. Fue una mujer extraordinaria, que superó increíbles obstáculos para convertirse en líder militar y ayudar a salvar a Francia del dominio inglés.

Su valentía y lealtad la han convertido en un símbolo nacional de Francia, y sigue siendo una figura icónica que ha sido conmemorada con estatuas, libros y películas.

Juana de Arco es famosa por su papel en la victoria del ejército francés sobre el inglés durante la Guerra de los Cien Años.

En 1429, es famoso su paso por la batalla al frente de las fuerzas francesas y la victoria sobre los ingleses en el asedio de Orleans. Esta victoria marca un punto de inflexión en la guerra, y finalmente conduce a la liberación de Francia del dominio inglés.

Durante los años siguientes, Juana de Arco lidera el ejército francés en una serie de campañas victoriosas, que culminan con la toma de París en 1436.

En Francia se la celebra como una heroína y sus hazañas militares la convierten en un nombre familiar en toda Europa. Sin embargo, su éxito acaba provocando su caída, ya que es capturada por los ingleses y juzgada por herejía. Tras un controvertido juicio, es ejecutada en la hoguera.

Fuentes:

  • Proceso de Santa Juana de Arco / Robert Bresson ; con datos y comentarios recopilados por Román Gubern. (1964) Edición: [1ª ed.]. Editorial: Barcelona : Aymá, 1964.
  • Juana de Arco / - por Nancy Wilson Ross. (1956) Edición: 1ª ed. Editorial: Nueva York, N.Y., U.S.A.: Harper & Row, 1956
  • El juicio de Juana de Arco / W.P. Barrett ; con un nuevo prólogo de Daniel Hobbins.(2014) Edición: 1a ed. Editorial: Cambridge ; Nueva York : Cambridge University Press, 2014.

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