Saco de Roma de 1527: Carlos V, el ejército imperial y el mercenario que cambió la historia

La niebla de aquel lunes de primavera era tan densa que ocultaba los gritos de los defensores en las murallas del Vaticano. Nadie en la Ciudad Eterna podía sospechar que el protector de la fe cristiana estaba a punto de convertirse en su verdugo más implacable.

Aquel 6 de mayo de 1527 no fue un día de gloria militar, sino el inicio de una pesadilla que duraría meses. El saco de Roma no fue una orden directa, sino el rugido de un ejército imperial hambriento, amotinado y fuera de control que decidió saquear el corazón del mundo católico.

El saco de Roma de 1527 representa uno de los episodios más oscuros de la historia europea. Fue el momento en que el mercenario y el soldado profesional demostraron que el dinero, o la falta de él, pesaba más que cualquier lealtad religiosa o política.

Pintura histórica que muestra el caos del saco de roma de 1527 con el ejército imperial asaltando las murallas

El camino hacia Roma: Un emperador y un ejército imperial sin control

Para entender cómo llegamos a este desastre, debemos retroceder a 1526. El Papa Clemente VII, un miembro de la poderosa familia Medici, se sentía asfixiado por el creciente poder de Carlos V.

El emperador ya dominaba media Europa y gran parte de Italia tras la Batalla de Pavía en 1525. En aquella contienda, el rey de Francia, Francisco I, fue capturado y humillado, lo que alteró el equilibrio del continente.

Aterrado por la hegemonía de los Habsburgo, el papa Clemente VII formó la Liga de Cognac. Esta coalición unía al pontífice con Francia, Venecia, Florencia y Milán para frenar al emperador.

Sin embargo, la Liga de Cognac fue un fracaso táctico. Francia y sus aliados mostraron una falta de coordinación desesperante, dejando al papa Clemente VII en una posición de vulnerabilidad extrema mientras las tropas del emperador Carlos V descendían desde el norte de Italia.

El ejército imperial que marchaba hacia el sur no era una fuerza convencional. Estaba compuesto por unos 20,000 hombres, entre los que destacaban los españoles e italianos, pero cuyo núcleo duro eran los lansquenetes alemanes.

Estos lansquenetes eran soldados de infantería famosos por sus ropajes coloridos y su brutalidad. Muchos de ellos profesaban el credo luterano y veían en Roma no la capital de la fe, sino la "Babilonia" que debían destruir.

El emperador frente al mercenario: La crisis de los pagos

Carlos V, el emperador del Sacro Imperio Romano, se encontraba en una paradoja financiera. Aunque sus dominios eran vastos, sus arcas estaban vacías. Sus soldados no habían recibido su paga en meses.

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El condestable de Borbón, Carlos de Borbón, quien lideraba estas tropas tras haber traicionado al rey de Francia, se vio arrastrado por sus propios hombres. Los soldados le advirtieron: o los guiaba a un lugar donde pudieran saquear y obtener su botín, o lo matarían.

El ejército imperial atacó las tierras italianas con un objetivo claro. Ignoraron las órdenes de tregua y marcharon hacia Roma con la desesperación de quien no tiene nada que perder. El hambre y la promesa de oro fueron los motores de esta invasión.

Aquel ejército imperial era una bomba de relojería. La tensión entre el mando y el mercenario raso era insostenible. Al llegar a las murallas de la ciudad el 5 de mayo, la suerte de la ciudad de Roma estaba echada.

6 de mayo: El asalto a la muralla y la muerte del condestable

El ataque comenzó al amanecer. El duque de Borbón, queriendo dar ejemplo a sus hombres, vistió una capa blanca para ser reconocido en medio de la niebla y lideró el asalto a la muralla.

Fue una decisión fatal. Según las crónicas, un disparo de arcabuz lo alcanzó mortalmente. El famoso artista Benvenuto Cellini se atribuyó en sus memorias haber sido el autor del disparo que acabó con la vida del condestable Carlos de Borbón.

Con la muerte de su líder, el último rastro de disciplina desapareció. Las tropas imperiales se enfurecieron. Al entrar en la ciudad, el caos se desató de forma absoluta. No había nadie con autoridad suficiente para detener a los soldados.

La defensa de la ciudad fue heroica pero inútil. Unos 5,000 milicianos romanos intentaron resistir, pero fueron masacrados por los veteranos del ejército imperial. La Guardia Suiza del Papa fue la única que mantuvo la posición con una lealtad inquebrantable.

En un acto de sacrificio supremo, los 189 miembros de la guardia suiza defendieron las escalinatas de la basílica. Se enfrentaron a miles de enemigos para ganar tiempo. Al final, 147 de ellos murieron en el lugar, pero su valor aseguró que Clemente VII escapara.

📜 Archivo Secreto: Durante el caos del saqueo de la ciudad, el Papa Clemente VII se vio obligado a correr por el corredor secreto que todavía une el Vaticano con la fortaleza vecina. Este pasaje, el Passetto di Borgo, une la ciudad del vaticano con el castillo de sant’angelo. Mientras las tropas imperiales en las escalinatas de San Pedro degollaban a sus guardias, el pontífice se refugió en el castillo por un corredor estrecho, escuchando los gritos de sus fieles a pocos metros.

Saquear la ciudad eterna: El horror del lansquenete protestante

Lo que siguió a la caída de las defensas fue un saqueo de Roma que duró meses. Los soldados imperiales no tuvieron piedad. Se estima que la población de la ciudad cayó de 55,000 habitantes a tan solo 10,000 debido a la violencia y el hambre.

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El componente protestante de los lansquenetes le dio al saco de Roma un matiz de profanación religiosa. Los soldados entraron en la Basílica de San Pedro, saquearon las tumbas de los papas y convirtieron los altares en establos para sus caballos.

No solo buscaban oro. Buscaban humillar. Se cuenta que algunos soldados vistieron a prostitutas con ropas cardenalicias y realizaron parodias de la misa. Las obras de arte fueron destruidas o robadas, y bibliotecas enteras terminaron alimentando hogueras.

El saqueo de Roma no respetó ni a los aliados del emperador. Los palacios de los cardenales pro-imperiales también fueron asaltados. Los ciudadanos eran torturados sistemáticamente para que confesaran dónde escondían sus riquezas.

El príncipe de Orange, Philibert de Châlon, fue nombrado la nueva cabeza del ejército en sustitución del fallecido borbón. Aunque ordenó que cesara el saqueo días después, nadie le hizo caso. Los soldados respondían que no se irían hasta recibir lo que se les debía.

Reconstrucción cinematográfica de la última resistencia de la guardia suiza en las escalinatas de la basílica de San Pedro en 1527.

El impacto en el arte de valor incalculable

Roma quedó devastada. El saco de Roma de 1527 se considera tradicionalmente como el fin del Alto Renacimiento. Artistas, humanistas y científicos huyeron de la ciudad, dispersando el conocimiento y el estilo romano por toda Europa.

Muchas obras de arte de valor fueron fundidas para acuñar moneda. El tesoro papal desapareció. El propio papa Clemente VII tuvo que fundir su tiara para ayudar a pagar el rescate que los captores le exigían.

La pérdida de arte de valor incalculable es una de las mayores cicatrices de este evento. No solo se perdieron objetos físicos, sino que el optimismo humanista del imperio romano cristiano se quebró para siempre.

Enrique VIII y el divorcio que el saco de Roma impidió

Un efecto secundario y sorprendente del saco de Roma ocurrió en Inglaterra. Enrique VIII estaba buscando desesperadamente que el Papa anulara su matrimonio con Catalina de Aragón.

Sin embargo, Catalina de Aragón era la tía del emperador Carlos V. Como el papa Clemente VII se refugió en el castillo de Sant'Angelo bajo la vigilancia de las tropas de Carlos, no podía permitirse ofender al hombre que lo tenía prisionero.

El emperador presionó al papa para que no concediera el divorcio. Esta parálisis diplomática fue el detonante que llevó a Enrique VIII de Inglaterra a romper con la Iglesia católica, dando inicio a la Reforma inglesa.

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Sin el saqueo de la ciudad, es muy probable que el Papa hubiera cedido a los deseos del rey de Francia y del monarca inglés. El destino religioso de Inglaterra se selló en las calles ensangrentadas de Roma.

El desenlace y el nuevo orden del emperador Carlos V

Tras siete meses de cautiverio, el Papa se rindió formalmente. El costo fue inmenso: el pago de 400.000 ducados de oro y la entrega de territorios estratégicos como Parma, Piacenza y Módena.

Se dice que el coste total de los daños y rescates ascendió a dos millones de escudos, una cifra astronómica para la época. La hegemonía del emperador Carlos en el control de la península itálica era ya indiscutible.

Años después, en 1530, la reconciliación se hizo oficial. En Bolonia, Clemente VII coronó formalmente a Carlos V como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de España. Fue una ceremonia de sumisión disfrazada de rito sagrado.

La madre de Francisco I, Luisa de Saboya, también participó en las negociaciones de paz posteriores (la Paz de las Damas), intentando rescatar a Francia de la ruina tras el desastre que el conflicto de la Liga Clementina había provocado.

Preguntas frecuentes sobre el saco de Roma de 1527

¿Por qué ocurrió el saqueo de Roma de 1527?

Ocurrió principalmente porque el ejército imperial de Carlos V no había recibido su paga durante meses y se amotinó, decidiendo saquear la ciudad para cobrarse el dinero por su cuenta.

¿Qué papel jugaron los lansquenetes en el saqueo?

Los lansquenetes alemanes fueron la fuerza principal. Muchos eran de fe protestante y atacaron con especial saña los símbolos católicos, lo que aumentó la brutalidad del saco de Roma.

¿Cómo logró sobrevivir el Papa Clemente VII?

El Papa aseguró que Clemente VII escapara gracias al sacrificio de la guardia suiza y huyó por un corredor secreto que todavía une el Vaticano con el Castillo de Sant'Angelo, donde permaneció refugiado.

¿Cuál fue la consecuencia más duradera del saqueo?

Además de la destrucción física, el evento provocó el fin del Renacimiento en Roma, el inicio del cisma de Enrique VIII y la consolidación definitiva del poder de Carlos V en Europa.

¿Cuánto dinero se pagó por el rescate del Papa?

El Papa acordó pagar un rescate inicial de 400.000 ducados de oro para salvar su vida y recuperar su libertad, aunque la ciudad sufrió pérdidas por valor de millones.

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