Blas de Lezo: La épica del tuerto con pata de palo

Las velas blancas cubrían el horizonte del mar Caribe como una plaga inminente. Ciento ochenta y seis barcos, armados hasta los dientes, oscurecieron las aguas frente a la costa continental. Era una de las flotas más formidables jamás reunidas en la historia naval, superando incluso a la célebre Gran Armada de Felipe II.

Al mando de este leviatán de madera y cañones se encontraba el arrogante almirante Edward Vernon, seguro de que tomaría la plaza fuerte del imperio español en cuestión de horas. Sus bodegas venían cargadas de monedas ya acuñadas que celebraban su futura victoria.

Lo que nadie esperaba en la corte del rey Jorge II, ni en las cubiertas de la imponente flota invasora, era que el destino del Imperio británico iba a chocar contra un solo hombre.

Un hombre al que le faltaba una pierna, un brazo y un ojo, pero al que le sobraba un genio táctico inigualable.

Esta es la verdadera historia de la defensa de Cartagena de Indias, la gesta donde la astucia militar aplastó a la fuerza bruta, y cómo un hombre mutilado se convirtió en la pesadilla de Inglaterra.

Pintura histórica de Blas de Lezo al mando de su buque en la batalla de Cartagena de Indias

El origen del marino español: La Guerra de Sucesión Española

Para entender la tenacidad del hombre que frenaría en seco el avance británico, debemos retroceder a sus inicios. La vida de Blas de Lezo (1689-Cartagena de Indias, lugar donde descansaría eternamente) comenzó en el lluvioso pueblo marinero de Pasajes, en Guipúzcoa.

Perteneciente a una familia con larga tradición marítima, el joven Blas no tardó en sentir la llamada del mar. Con la llegada al trono español de Felipe V, estalló un conflicto internacional que cambiaría el mapa político de Europa.

Siendo apenas un adolescente, Blas de Lezo ingresó como guardia marina en la armada, concretamente sirviendo en la marina francesa, que en aquel entonces actuaba de forma conjunta con la flota borbónica debido a los pactos de familia.

En este contexto tumultuoso y sangriento se forjó su carácter de hierro. Su primera gran prueba de fuego llegaría frente a las costas andaluzas, en la batalla de Vélez-Málaga.

Aquel fatídico 24 de agosto de 1704, el fragor del combate ahogaba los gritos de los marineros. En medio de un feroz intercambio de artillería contra las fuerzas anglo-holandesas, el destino le cobró su primer peaje.

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Una enorme bala de cañón de un buque enemigo barrió la cubierta donde se encontraba el joven Blas, destrozando por completo su pierna izquierda

Las crónicas de la época cuentan que, durante la espantosa amputación por debajo de la rodilla, realizada sin anestesia y sobre un rústico tablón cubierto de serrín y sangre, el adolescente no profirió ni un solo lamento.

Desde aquel día, su movilidad quedó supeditada a una tosca pata de palo, un elemento que se volvería icónico en su figura.

Blas de Lezo y Olavarrieta: El precio de la gloria naval

Lejos de retirarse, Blas de Lezo y Olavarrieta comprendió que su hogar era la cubierta de un navío.

Continuó su carrera militar defendiendo los intereses navales de España con un arrojo casi suicida. Sus hazañas en la Guerra de Sucesión Española le valieron el respeto de sus superiores y el terror de sus enemigos.

El peaje físico que pagaría por su devoción militar seguiría aumentando. Durante el asedio a la fortaleza de Santa Catalina en Tolón, una esquirla de metralla, producto de un impacto directo en la fortificación, se alojó violentamente en su rostro, destruyendo de inmediato su ojo izquierdo.

Así, el intrépido marino se convertía en un tuerto temible, con un parche que añadía un aura de dureza a su ya curtido semblante.

Su bautismo de sangre no terminó ahí. Años más tarde, durante el segundo sitio de Barcelona en 1714, un disparo de mosquete destrozó los tendones de su brazo derecho, dejándolo completamente inútil.

Con tan solo 25 años, el que llegaría a ser un temido capitán de navío era ya conocido en la armada española como el "Medio Hombre". Una sombra maltrecha a los ojos de los ignorantes, pero un coloso de la táctica para aquellos que luchaban a su lado.

Sus heridas de guerra no eran signos de debilidad, sino medallas talladas directamente en su carne.

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De capitán de fragata a pacificador del Imperio español

Gracias a su valor indomable y a su mente brillante, ascendió rápidamente en el escalafón. Fue ascendido en 1710 a capitán de fragata, demostrando que su discapacidad física no mermaba en absoluto su capacidad de mando. A bordo de embarcaciones ágiles y letales, capturó decenas de barcos enemigos.

Su pericia era tal que cualquier buque pirata o corsario que divisara su pabellón emprendía la huida inmediata.

Tras la firma del Tratado de Utrecht, que redibujó las fronteras y concesiones comerciales en todo el mundo, las tensiones se trasladaron al Nuevo Mundo. Lezo formó parte de numerosas expediciones.

Bajo las órdenes de José Carrillo de Albornoz, operó en el norte de África, y más tarde, su experiencia fue requerida en la América española. Allí se dedicó a limpiar las costas del Pacífico Sur de la piratería financiada por la corona británica.

Sus tácticas engañosas, utilizando barcos mercantes como señuelos para emboscar a los corsarios, limpiaron las rutas comerciales del virreinato del Perú, demostrando ser un marino español excepcional.

Años después, tras regresar brevemente al puerto de Rochefort y posteriormente pasar a la Escuadra del Mediterráneo, su destino final se fue perfilando.

El Imperio español necesitaba a su mejor estratega en su punto más vulnerable: el Caribe.

Reconstrucción histórica de las tropas inglesas atacando el castillo de San Felipe durante el sitio de Cartagena en 1741

Cartagena de Indias: La joya codiciada en 1741

Las fricciones por el comercio y el contrabando desencadenaron la conocida como Guerra del Asiento. La metrópoli británica, ansiosa por quebrar el monopolio comercial de España, preparó un golpe definitivo.

El objetivo era claro: asaltar el Caribe, dividir el continente y apoderarse de las rutas de la plata.

La escuadra británica, comandada por el almirante Edward Vernon, un oficial con delirios de grandeza, se dirigió hacia la plaza más importante del Caribe continental. El sitio de Cartagena estaba a punto de convertirse en el asedio más colosal de la época.

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Para hacer frente a esta armada formidable que contaba con más de 2.000 cañones y cerca de 30.000 hombres, la defensa de la ciudad apenas disponía de unos 3.000 soldados regulares, un puñado de milicianos locales, indios flecheros y una pequeña escuadra compuesta por apenas seis navíos de alto bordo.

El jefe de la escuadra española no era otro que don Blas de Lezo. La tensión entre el experimentado marino y el virrey de Nueva Granada, Sebastián de Eslava, era palpable.

Eslava era el mando supremo y prefería una táctica conservadora, pero Lezo sabía que una batalla naval tradicional en campo abierto significaría el aniquilamiento de su minúscula fuerza.

El defensor de Cartagena de Indias optó por una guerra de desgaste psicológico, trincheras y posiciones cruzadas de fuego.

El clímax del sitio: El infierno de Bocachica y San Felipe

El almirante Vernon ordenó un bombardeo implacable sobre los castillos que protegían la entrada a la bahía. El fuerte de San Luis en Bocachica fue el primero en sufrir el infierno.

Durante semanas, las murallas resistieron el fuego incesante de cada navío inglés que se turnaba para escupir hierro sobre la piedra.

Lezo ordenó hundir sus propios barcos en el canal de entrada para bloquear el paso de los navíos ingleses, sacrificando el buque insignia y obligando a los británicos a un desembarco de las tropas en zonas pantanosas y plagadas de enfermedades tropicales como la fiebre amarilla.

📜 Archivo Secreto: La confianza del almirante Vernon era tan desproporcionada que, antes de haber tomado la ciudad, envió un correo rápido a Inglaterra anunciando su victoria absoluta. En Londres hubo celebraciones masivas, se compusieron himnos (como "Rule, Britannia!") y, lo más asombroso, el rey ordenó acuñar monedas conmemorativas. En estas medallas se puede ver a Blas de Lezo arrodillado, entregando su espada a Vernon bajo la inscripción: «El orgullo español humillado por el almirante Vernon». La realidad, como pronto descubrirían en Londres, sería dolorosamente diferente.

Tras forzar la entrada a la bahía, las tropas británicas se dirigieron a la fortaleza clave: el castillo de San Felipe de Barajas. Blas de Lezo, anticipando el movimiento, había ordenado cavar un profundo foso en torno a los muros de la fortaleza.

20 de abril de 1741: La noche de los muertos

El clímax de la batalla de Cartagena de Indias se alcanzó en el asalto nocturno de abril de 1741. Las fuerzas británicas, creyendo que las murallas del Castillo de San Felipe eran accesibles, avanzaron con escalas en medio de la oscuridad.

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Al llegar al pie de los muros, se encontraron con el foso letal ideado por Lezo. Las escalas se quedaron cortas. No podían subir, y no podían retroceder por la presión de sus propias tropas detrás de ellos.

Amaneció el 20 de abril y las tropas inglesas se encontraron atrapadas en una ratonera de piedra y barro. La guarnición española abrió un fuego cruzado devastador. La masacre fue indescriptible. Fue una derrota sin paliativos para la corona británica.

A partir de esa jornada de finales de abril de 1741, la moral británica se hundió en el fango junto con sus soldados.

Devastado por las bajas en combate, el hambre y las epidemias de malaria, Vernon ordenó la retirada. Finalmente, el 20 de mayo, el último barco británico zarpaba, dejando tras de sí miles de muertos y cascos de navíos quemados en la bahía.

El imperio español estaba a salvo.

La muerte en el olvido

Paradójicamente, el héroe de la batalla no recibió el reconocimiento inmediato de la corona. Las fricciones con el virrey Eslava hicieron que los despachos enviados a Felipe V estuvieran sesgados.

Mientras el virrey se atribuía el mérito táctico de la victoria, el teniente general de la armada caía gravemente enfermo.

Trágicamente, Blas de Lezo murió a causa del tifus contraído durante los meses que duró el asedio. Lezo murió en 1741, poco tiempo después de ver huir a las velas británicas.

Murió en 1741 en Cartagena, rodeado de miseria y sin honores estatales. Sus restos fueron enterrados en una fosa común, o en un lugar secreto que a día de hoy sigue sin descubrirse, un triste final para el hombre de la armada española que había salvado un continente entero.

Regresó a España en espíritu de leyenda, aunque su cuerpo jamás cruzó de vuelta el Atlántico.

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El legado moderno de la Armada Blas de Lezo

La historia de España guardó silencio durante muchos años, pero el peso de sus hazañas era imposible de ocultar. Con el paso de los siglos, la figura del marino se erigió como uno de los pilares fundamentales en la historia de la Armada.

Su nombre ha sido inmortalizado en varias embarcaciones modernas. A principios del siglo XX, el Crucero Blas de Lezo surcó los mares rindiendo homenaje a su genio. Más tarde, la Marina española botó varios destructores y fragatas con su nombre.

Hoy en día, la moderna fragata F-103, una fragata de la clase Álvaro de Bazán equipada con el avanzado sistema de combate Aegis, lleva orgullosa el nombre de Fragata Blas de Lezo.

En la actualidad, el Ministerio de Defensa y el Museo Naval de Madrid han dedicado innumerables exposiciones a reivindicar la vida de Blas de Lezo y su papel crucial como defensor de Cartagena de Indias.

No hay un solo buque de la armada que no conozca la leyenda del teniente general que, con un puñado de hombres y una infinita voluntad de resistencia, cambió el rumbo de la historia.

Preguntas Frecuentes sobre el general de la armada blas de lezo

¿Quién fue blas de lezo en la historia de cartagena?

Fue el comandante naval español que lideró de facto la milagrosa defensa del puerto y las fortificaciones durante el asedio británico de 1741, impidiendo que la ciudad cayera en manos de Inglaterra.

¿Qué importancia tiene el castillo de san en la biografía del marino?

En el Castillo de Santa Catalina, en Tolón, fue donde el marino perdió su ojo por el impacto de la metralla, marcando uno de sus más duros sacrificios físicos.

¿Blas de lezo participó en otras batallas importantes además de la de 1741 en cartagena de indias?

Sí, tuvo un historial extensísimo. Destacan sus acciones contra los piratas en el Pacífico y su participación activa para reconquistar territorios ocupados tras los tratados europeos del siglo XVIII.

¿Qué es la fragata f-103 actualmente?

Es un buque de escolta antiaérea de última generación de la Armada española que perpetúa el nombre del famoso marino. Es conocida por su enorme capacidad de mando y control naval moderno.

¿Existe un reconocimiento en la historia de la armada española a su figura hoy en día?

Por supuesto. Hoy se le considera uno de los mayores estrategas de todos los tiempos. Monumentos en Madrid, Cádiz y Colombia, junto con investigaciones respaldadas por instituciones militares, han restaurado el inmenso valor histórico de sus campañas.

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