¿Quién ha sido el hombre más rico de la Historia?

Alguna vez te has preguntado…¿Quién ha sido la persona más rica de toda la historia? La que más fortuna ha amasado…

A lo largo de la historia ha habido grandes personajes que han reunido grandes fortunas.

Algunos más conocidos que otros.

Por ejemplo, según la revista Forbes, Jeff Bezos, propietario de Amazon, ha llegado a ser el hombre más rico del mundo, con una fortuna estimada en unos 177.000 millones de dólares.

Eso significa una fortuna mayor que el PIB del 75% de los países del mundo.

Eso significa que para gastar todos sus 177.000 millones antes de morir, necesitaría gastar casi 22 millones al día durante el resto de su vida.

Sin embargo, mientras que Jeff Bezos puede ser uno de los hombres más ricos actualmente, no es el ser humano más rico de la historia . 

Se calcula que la persona que ostenta ese título, poseía una fortuna que duplica con creces la de Jeff Bezos, y era mucho mayor que la de Elon Musk, Mark Zuckerberg o Warren Buffet juntos. Lo curioso es que, es muy probable que nunca hayas oído hablar de este personaje.

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El Hombre más rico de toda la Historia

el hombre más rico de la historia
El décimo emperador del imperio de Malí, Mansa Musa: 1280-1337. / wikipedia.org

 

Mansa Musa I, el Emperador, Rey de Reyes, León de Mali y señor de las minas, es la sorprendente persona más rica de toda la historia, aunque seguramente muchos es la primera vez que escucháis ese nombre o incluso ese Imperio.

Y no has oído hablar de él, primero, porque nació hace casi 750 años, y segundo, era el sultán del Imperio Malí, para muchos desconocido.

En su día el mayor de África occidental.

En su apogeo, en el siglo XIV, cubría casi medio millón de kilómetros cuadrados y albergaba alrededor del 5% de la población mundial. 

Su crecimiento fue increíblemente rápido, en el espacio de un par de generaciones, durante lo que se conoce como la Edad de Oro del Comercio en África. El auge del Imperio maliense se basó en su insondable riqueza, que procedía principalmente de dos elementos: el oro y la sal, ambos muy abundantes en la zona, y aunque pueda parecer mentira, la sal podía tener en aquella época el mismo valor que el oro.

Por cierto, hay que aclarar que Mansa es un título y no un nombre de pila: significa emperador o sultán.

Mansa Musa nació en torno a 1280 d.C. y accedió al trono como décimo gobernante del Imperio Malí aproximadamente en 1312 d.C. 

Su ascenso al trono fue un tanto extraño. Su predecesor, Abu Bakari Keita II, decidió ir a averiguar qué había al otro lado del océano Atlántico, tomó unos 3.000 barcos y partió, dejando atrás su trono y una de las mayores fortunas de la historia.

Por lo que sabemos, ni Abu Bakari Keita II ni su flota de 3.000 hombres volvieron a ser vistos jamás, por lo que Mansa Musa ascendió oficialmente al trono, donde se dedicó a ampliar las fronteras de sus tierras y a aumentar su ya vasta riqueza. 

¿Y cómo de rico era Mansa Musa? 

Bueno, antes de llegar a las cifras, ¿qué tal un ejemplo? El nuevo emperador era un musulmán devoto, lo que significaba que al menos una vez en su vida, debía hacer la peregrinación a La Meca.

Cuando decidió hacer el viaje, la peregrinación que siguió desde Malí es uno de los viajes más extraordinarios jamás realizados por un ser humano. Acompañado de 60.000 hombres y mujeres, 100 elefantes, 80 camellos, una guardia personal de 500 guerreros bien entrenados y suficiente comida, agua para todos, su caravana se extendía más allá de lo que alcanzaba la vista. 

Musa se propuso hacer el viaje como una forma de pasar a la historia, y lo comenzó cargando camellos con toneladas de oro, cuya equivalencia hoy día superaría los 1000 millones de dólares.

Cada viernes durante su trayecto, financiaba la construcción de una nueva mezquita en el lugar donde se encontraba, algunas de las cuales siguen en pie hoy día 700 años después.

Teniendo en cuenta que el viaje duró casi dos años en total, son muchas mezquitas. 

Musa pasó el camino repartiendo además, ingentes cantidades de oro entre los más pobres para engrandecer su leyenda.

Y haciendo la mayor de las ostentaciones jamás vista en el mundo, al pasar por El Cairo, durante el camino, se cuenta que estuvo tres meses seguidos haciendo compras.

La riqueza, generosidad y poder demostrado por Mansa Musa le granjearon miles de partidarios y aseguraron a su imperio, los servicios de algunos de los pensadores y artistas más célebres de la época, muchos de los cuales trajo de vuelta a casa.

A su vuelta, fue por entonces cuando Mansa Musa empezó a repartir riqueza también dentro de las fronteras de sus propias tierras, construyendo mezquitas y madrasas, que son instituciones educativas, en muchas ciudades. 

Pero hubo un lugar en particular, del que casi seguro ha oído hablar, al que Mansa Musa reservó la mayor parte de su atención, Tombuctú. 

Mansa Musa se dispuso a convertirla en uno de los centros más importantes de comercio, cultura, religión y aprendizaje, no sólo de África, sino de todo el mundo. La mezquita de Djinguereber, que Mansa Musa pagó con 200 kilos de oro macizo, sigue en pie y forma parte de la Universidad de Tombuctú. Durante un tiempo, fue una de las principales sedes del saber en el mundo, con 25.000 estudiantes y una biblioteca de un millón de libros. Más de los que albergaba la Gran Biblioteca de Alejandría en el apogeo de su fama, y todo ello en una época en que la mayoría de los europeos creían que África era un continente lleno de salvajes incultos. 

Hoy en día es muy difícil calcular con exactitud la cuenta bancaria de Mansa Musa, pero la cifra más citada, teniendo en cuenta la inflación, es de unos 400.000 millones de dólares. 

Es más o menos el PIB de Noruega o Irlanda. 

En realidad, tampoco es que importe mucho. Mansa Musa era un hombre tan rico que las cifras exactas no son importantes. Su riqueza era, a todos los efectos, ilimitada. 

Podía hacer lo que quisiera, cuando quisiera. 

Mansa Musa I es el gran olvidado de la historia, que hizo todo lo posible para permanecer en ella, amasando la mayor fortuna de todos los tiempos, debido a su gestión de las inmensas minas de oro que poseía el Imperio de Mali.

Y por si alguien dudaba de esta historia y su leyenda, en los años 80, un cazador de tesoros, redescubrió varias minas perdidas de Mansa Musa enterradas en el desierto, lo que le hizo rico.

El rico legado del rey duró generaciones y hasta la fecha, hay mausoleos, bibliotecas y mezquitas que son el testamento de esta edad de oro en la historia de Malí.

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