María Pita: La leyenda de la heroína gallega contra Francis Drake
El humo de la pólvora oscurecía el cielo primaveral y el hedor a sangre y escombros asfixiaba a los defensores que aún se mantenían en pie. Un estruendo ensordecedor acababa de reventar un tramo vital de la muralla defensiva.
A través de la brecha, entre el polvo y los gritos de terror, emergían los estandartes de las tropas inglesas. La victoria enemiga parecía inevitable y la masacre de la población, una condena inminente y sangrienta.
Fue en ese preciso instante de caos y desesperación absoluta cuando una figura femenina, manchada de sangre y tierra, emergió de entre los escombros. No empuñaba un rosario para rezar, sino un arma arrebatada directamente del suelo del campo de batalla.
Con un grito que heló la sangre de los atacantes y enardeció a los supervivientes, se abalanzó contra el alférez inglés que lideraba la carga. Lo que ocurrió en los siguientes segundos no solo salvó a una ciudad de la aniquilación, sino que forjó una leyenda en la historia de España.

El preludio de la venganza: España e Inglaterra frente a frente
Para comprender la magnitud de lo que estaba en juego, debemos retroceder ligeramente en el tiempo hasta finales del siglo XVI. La tensión geopolítica en Europa había alcanzado un punto de ebullición insostenible entre las dos grandes potencias del momento.
El rey Felipe II, empeñado en frenar la piratería y la expansión protestante, había lanzado en 1588 la mayor empresa naval de su tiempo. Sin embargo, los elementos y la pericia enemiga convirtieron el sueño de la Armada Invencible en una pesadilla logística.
La derrota fue un golpe anímico severo, pero la reina Isabel I de Inglaterra vio la oportunidad perfecta para asestar un golpe mortal. Financiada en parte por capital privado, se organizó una colosal Contraarmada inglesa, capitaneada por militares sedientos de botín.
Esta imponente escuadra partió con objetivos claros: destruir los barcos españoles en el Cantábrico, tomar Lisboa y provocar una rebelión. Era una maquinaria de guerra formidable, compuesta por decenas de naves y 23.000 hombres curtidos en la batalla.
Sin embargo, los vientos contrarios y las malas decisiones estratégicas alteraron el rumbo de la ambiciosa expedición. La necesidad imperiosa de reabastecimiento desvió a la flota enemiga hacia las escarpadas costas gallegas.
El objetivo elegido fue la ciudad de A Coruña, un enclave portuario próspero pero aparentemente vulnerable frente a semejante amenaza. Nadie sospechaba que aquella pequeña urbe no estaba dispuesta a rendirse sin librar una batalla épica.
La Reconquista de Sevilla por Fernando III: El Asedio al Corazón MusulmánLa llegada de la tempestad y el asedio inglés de 1589
El 4 de mayo de 1589, el horizonte marítimo se tiñó de velas enemigas, desatando el pánico entre los habitantes. La flota, liderada por el célebre corsario sir Francis Drake, fondeó en la bahía con una fuerza abrumadora.
La ciudad de La Coruña estaba dividida topográficamente en dos sectores: un arrabal de pescadores y un recinto amurallado. Los atacantes no perdieron el tiempo, desembarcaron rápidamente y tomaron el control del núcleo extramuros con violencia inusitada.
El barrio de la Pescadería fue brutalmente saqueado, obligando a los defensores a replegarse tras los sólidos muros de la Ciudad Alta. Comenzaba así un asedio brutal que pondría a prueba la resistencia física y mental de todos los coruñeses.
Durante días, el estruendo de la artillería enemiga fue incesante, golpeando las defensas de la Coruña en 1589. Los ingenieros ingleses excavaban túneles bajo las fortificaciones, colocando cargas explosivas para debilitar los cimientos de piedra.
Dentro de los muros, escaseaban los víveres, las municiones menguaban y el agotamiento hacía mella en la población civil. Hombres, mujeres y niños colaboraban codo con codo reparando brechas y atendiendo a los numerosos heridos en un esfuerzo desesperado.
El 14 de mayo: El día que forjó a la heroína coruñesa
El clímax de esta agónica resistencia llegó a mediados de mes, cuando una mina subterránea detonó con una fuerza catastrófica. La explosión colapsó un sector crucial de la muralla oriental, abriendo una brecha por la que las fuerzas de asalto se lanzaron en masa.
El combate cuerpo a cuerpo fue feroz, salvaje y despiadado; los defensores se enfrentaban a una aniquilación segura. En el epicentro de esta carnicería se encontraba una mujer cuyo marido en el asedio acababa de caer abatido en primera línea.
El dolor de enviudar violentamente no la paralizó; al contrario, encendió en ella una furia insólita y vengativa. Viendo que las líneas flaqueaban y que un oficial coronaba los escombros con el estandarte invasor, ella reaccionó instintivamente.
Armada con una de las pesadas picas que yacían junto a los caídos, se abrió paso a empujones entre el tumulto de soldados. Con un movimiento certero, mató al alférez inglés, derribándolo y frustrando el avance enemigo en el punto más crítico.
Enarbolando la pica ensangrentada, lanzó un grito de guerra con la voz de una mujer que instaba a los suyos a resistir. Aquel acto de valentía extrema provocó un efecto psicológico devastador en los atacantes, que vacilaron al ver caer a su líder.
Milón de Crotona: El invencible atleta de la Antigua Grecia y su leyendaLos defensores, inspirados por el coraje de aquella vecina, contraatacaron con una fuerza renovada, logrando expulsar a los invasores de la brecha. Ese día, la heroína gallega, conocida como María Pita, se ganó un lugar indiscutible en la inmortalidad.
📜 Archivo Secreto: La historia oficial suele ser selectiva. Mientras la historia de María Pita resonó en la eternidad, otras figuras quedaron en el olvido. Es el caso de Inés de Ben, una viuda y comerciante que perdió su negocio en los primeros días del ataque. Lejos de rendirse, se unió a la defensa empuñando armas en primera línea. Recibió dos balazos de mosquete durante los combates y sobrevivió de milagro. Sin embargo, a diferencia de nuestra protagonista, nunca recibió honores de la corte y murió en la más absoluta indigencia, siendo una valerosa mujer olvidada por las crónicas.
El desmoronamiento de la ofensiva de Francis Drake
Aquel contraataque suicida en las murallas marcó el punto de inflexión definitivo del violento asedio inglés. Los invasores habían sufrido bajas masivas debido a los encarnizados combates, a las enfermedades infecciosas y a la falta de suministros.
Los comandantes, el almirante Francis Drake y el general John Norris, comprendieron que la conquista les costaría demasiada sangre. Desmoralizados y con las bodegas de sus naves llenas de moribundos, ordenaron levantar el asedio y retirarse a los barcos.
A finales de mayo de 1589, las velas enemigas desaparecieron por el horizonte, dirigiéndose hacia el sur. Intentaron salvar la campaña atacando Lisboa, un esfuerzo que también culminaría en un desastre estratégico para Inglaterra.
La pequeña ciudad atlántica había resistido el embate de la Contraarmada, convirtiéndose en un símbolo de tenacidad continental. El coraje de sus habitantes había logrado humillar a uno de los imperios navales más temidos de la época.

Desmontando el mito: ¿Quién era realmente María Mayor Fernández de Cámara?
La figura de bronce que hoy domina la ciudad nos presenta a una guerrera idealizada, pero la realidad documental es aún más fascinante. La historiografía moderna, impulsada por expertas como María del Carmen Saavedra Vázquez, ha buceado en los archivos notariales.
Han revelado a una persona de fuerte carácter, inmersa en las complejas dinámicas sociales y judiciales de su turbulenta época. Nacida en San Cristóbal das Viñas a mediados del siglo XVI, provenía de una familia de pequeños comerciantes.
Su nombre real de bautismo era Mayor Fernández de Cámara, y su madre, María Alonso, le inculcó el valor de defender su patrimonio. A lo largo de su vida, fue nombrada en documentos legales como Cámara y Pita, Cámara Pita, o María Mayor Fernández de Cámara.
Su vida personal fue tan intensa como el asalto a su ciudad; en una época de escasa esperanza de vida, llegó a desposarse cuatro veces. Su primer marido fue un carnicero llamado Juan Alonso de Rois, con quien consolidó su posición en el gremio local.
La Guerra de los Cien Años: Causas y ConsecuenciasTras enviudar, decidió volver a casarse con Gregorio de Rocamunde (a veces escrito Rocamonde), el marido de María Pita que murió en las murallas. Años más tarde contrajo matrimonio con un maestro de obras, Sancho de Arratia, frecuentemente citado en las crónicas solo como Arratia.
Su último matrimonio, a finales de siglo, fue con un escudero de la corte, Gil Bermúdez de Figueroa (o Gil de Figueroa). Esta sucesión de enlaces nos habla de una mujer pragmática, empeñada en mantener y aumentar su estatus económico frente a las adversidades.
El laberinto burocrático y el carácter de una heroína española
Pero no fue solo en las murallas ensangrentadas donde esta mujer de armas tomar demostró su inquebrantable fiereza. Las verdaderas batallas de su madurez se libraron en los fríos despachos, en las salas de audiencias y frente a los escribanos públicos.
Consciente del valor de su heroica acción militar, no dudó en emprender el peligroso viaje hacia la corte en Madrid. Allí, logró una insólita audiencia para exigir al rey de España una compensación justa por sus sacrificios y pérdidas.
El mismísimo Rey Felipe II, impresionado, le concedió una pensión vitalicia y el inusual rango militar de alférez. Sin embargo, el cobro de estas mercedes reales se convirtió en una odisea burocrática constante y frustrante a su regreso a Galicia.
Se vio inmersa en litigios interminables contra las autoridades locales, presentando quejas formales ante la Real Audiencia. Esta actitud beligerante y litigante le granjeó numerosos enemigos entre la élite local, que la veían como una advenediza problemática.
Incluso se enzarzó en un enconado pleito con un individuo llamado Pedro de Ledoño por asuntos de deudas e injurias. A diferencia de la mítica Monja Alférez, ella nunca ocultó su identidad de mujer, utilizando su estatus de viuda heroica como lanza legal.
Como señala Saavedra Vázquez, la historia romántica del siglo XIX despojó a la heroína de estas fascinantes contradicciones humanas. La verdadera María Pita no solo salvó la ciudad, sino que luchó implacablemente toda su vida contra el sistema para defender sus derechos.
El eco del mito en la Ciudad de La Coruña actual
Hoy en día, el venerado nombre de María Pita es el pilar central sobre el que se asienta la identidad de la urbe atlántica. Su espectacular estatua domina la majestuosa Plaza de María Pita, el corazón administrativo y social donde se ubica el Ayuntamiento.
Más allá del bronce, el esfuerzo por preservar su auténtico legado se materializa en la Casa Museo de María Pita. Este Museo de María Pita, situado en la histórica calle Herrerías (antigua zona de la Pescadería), es una visita obligada.
Isabel I de Inglaterra: biografía resumidaAllí, los visitantes pueden descubrir cómo un coruñés del siglo XVI sobrevivía a los horrores de la guerra y la peste. Su figura, compleja y fascinante, ha pasado a la historia como el símbolo eterno de un pueblo gallego que se negó a arrodillarse.
Preguntas Frecuentes sobre la defensa de la ciudad
¿Cuántos soldados componían la expedición que atacó la ciudad?
La colosal flota que amenazó las costas estaba tripulada y defendida por una fuerza abrumadora que ascendía a más de 23.000 hombres. Era una maquinaria bélica gigantesca diseñada por Inglaterra para aplastar cualquier resistencia en la península ibérica.
¿Quiénes eran los principales comandantes de la flota enemiga?
La expedición estaba liderada por dos figuras militares de gran prestigio: el corsario Sir Francis Drake, al mando de las operaciones navales, y el general John Norris, encargado de dirigir a las letales fuerzas de infantería terrestres en el asedio.
¿Qué motivó este ataque masivo en el año 1589?
La principal motivación fue la represalia directa por el intento fallido de invasión de España e Inglaterra el año anterior por parte de la Armada Española. El gobierno británico buscaba destruir la flota enemiga remanente mediante esta costosa Contraarmada.
¿Con qué arma exacta abatió a su enemigo en la muralla?
Según las crónicas, la acción de arrebatar el arma a un soldado caído fue crucial en el combate. Utilizó una de las pesadas picas de infantería esparcidas por el suelo para atravesar y acabar con el oficial inglés que lideraba el asalto.
¿Cómo era su relación con la autoridad real tras la guerra?
Supo capitalizar su condición de salvadora logrando una audiencia con el propio Rey Felipe II, quien le concedió una pensión y el título de alférez. Sin embargo, tuvo que luchar burocráticamente, junto a su último marido, para que las autoridades pagaran lo estipulado.
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